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Del altar al amor: la historia real del sacerdote y la monja que dejaron los hábitos por seguir su corazón

Daniel Genovesi y Mercedes Tarragona abandonaron la Iglesia católica tras enamorarse. Tres décadas después, cuentan el silencio, la culpa y la reconstrucción de una nueva vida espiritual lejos del celibato

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DIARIO VIRAL

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La historia de Daniel Genovesi y Mercedes Tarragona comenzó en parroquias argentinas a inicios de los años 90 y terminó convirtiéndose en uno de los relatos más comentados sobre amor, fe y vocación. Él era sacerdote en la diócesis de Venado Tuerto; ella, religiosa de una congregación en Avellaneda. 

Se conocieron en una fiesta parroquial en 1991, trabajaron juntos en proyectos juveniles y, casi sin advertirlo, se enamoraron. “Yo estaba convencido de ser célibe, pero llegó un momento en que entendí que estar con ella me llenaba el corazón”, recuerda Daniel.

Daniel había ingresado al seminario en 1981, con apenas 16 años. Fue ordenado sacerdote en 1990 y dedicó más de una década a la Iglesia católica. Mercedes, por su parte, tomó los hábitos a los 17 años, convencida de que su vida estaba ligada a la fe desde el nacimiento. 

Pero el vínculo entre ambos comenzó a tensionar sus convicciones. “Vivíamos tan regulados por el deber ser que frente a cualquier emoción enseguida le encontrábamos un lugar. La cabeza por encima del corazón”, asegura Mercedes. El primer contacto físico —un leve roce de manos durante una misión en 1992— marcó un antes y un después.

La reacción institucional no tardó en llegar. Mercedes fue cuestionada por su comunidad y luego trasladada. “La salida fue tremenda porque no hubo acompañamiento. Me dijeron: ‘Sacate el hábito y devolvé todo lo que no es tuyo’. Me fui sin un abrazo, sin una bendición, sin un beso. Como si tuviera lepra”, relata. 

Daniel, por su lado, intentó hablar con sus superiores. “Nunca dije ‘me estoy enamorando’, pero sí: ‘me está pasando algo’”. Finalmente, en noviembre de 1993, dejó el ministerio. “Voy a seguir el camino del amor con Mercedes y dejar el ministerio sacerdotal”, le comunicó al obispo.

La decisión tuvo consecuencias personales y públicas. El caso del “sacerdote que abandonó los hábitos” llegó a la prensa regional y ambos experimentaron lo que describen como “silencio institucional”. “Dejás de existir. Te lanzan a la deriva”, dice Daniel. Sin trabajo ni experiencia fuera del ámbito religioso, comenzaron de cero. 

Se casaron en privado en 1993, luego por civil en 1994 y años después por la Iglesia anglicana. Tuvieron dos hijas y atravesaron pérdidas, duelos y una profunda reconstrucción espiritual. “No somos ejemplo para nadie —afirma Daniel—. Solo tratamos de ser coherentes con lo que sentíamos”.

Hoy viven en Emporia, Kansas, donde Daniel ejerce como obispo en la Iglesia episcopal y Mercedes trabaja como counselor y coordina espacios de desarrollo personal para mujeres. Incluso mantuvieron un intercambio epistolar con el papa Francisco tras su elección en 2013. “Le escribí preguntándole qué iba a hacer con aquellos que han dejado de ser sacerdotes. Parecemos leprosos”, cuenta Daniel. La respuesta del pontífice fue, para él, un cierre simbólico. Treinta años después, siguen juntos. “Lo importante no es que algo dure para siempre, sino que uno pueda ser fiel a lo que siente”, concluye.

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