Desde tiempos antiguos, los sueños han sido asociados a significados proféticos o sobrenaturales, pero la ciencia médica ofrece hoy una explicación distinta. Para la especialista en medicina interna y del sueño en Portland, Andrea Matsumura, los sueños no esconden mensajes cifrados, sino que reflejan el trabajo interno del cerebro mientras dormimos, especialmente durante la fase REM, cuando la mente permanece activa y el cuerpo en reposo.
Según la especialista, soñar es una herramienta fundamental para procesar información y gestionar experiencias emocionales del día a día. Los sueños pueden revelar conflictos internos, miedos, estrés acumulado o recuerdos no resueltos, actuando como una vía inconsciente para organizar vivencias y enfrentar desafíos emocionales en un entorno simbólico y seguro.
La calidad del descanso influye directamente en el contenido de los sueños. Dormir de forma fragmentada o bajo altos niveles de estrés favorece la aparición de sueños caóticos o pesadillas recurrentes, las cuales pueden estar asociadas a ansiedad, trauma o una mala higiene del sueño. Además, el cerebro puede incorporar señales físicas reales —como taquicardia, sudoración o incomodidad corporal— dentro de las narrativas oníricas, alertando sobre posibles alteraciones del bienestar.
Matsumura también advierte sobre fenómenos como la parálisis del sueño, que ocurre cuando el cerebro despierta antes que el cuerpo, y recomienda observar los sueños con curiosidad, sin obsesionarse con su interpretación. Llevar un registro flexible puede ayudar al autoconocimiento, pero analizar cada detalle de forma rígida puede generar ansiedad innecesaria. En conjunto, los sueños ofrecen una ventana valiosa al estado emocional y físico, más vinculada a la salud que a lo sobrenatural.