Escribe: Nancy Cutimbo.
En apenas 45 minutos, la presidenta Keiko Fujimori presentó el primer mensaje a la Nación de su gobierno (2026-2031). A diferencia de los extensos discursos de su antecesora Dina Boluarte, la mandataria optó por una intervención breve, organizada en siete ejes de gestión y enfocada en la seguridad ciudadana, la reactivación económica, la infraestructura y los programas sociales.
Sin embargo, el mensaje dejó varias interrogantes sobre el financiamiento de las promesas, careció de autocrítica y, según especialistas, pasó por alto al sur del país, una de las regiones donde históricamente el fujimorismo ha tenido menor respaldo electoral.
UN PAÍS EN CRISIS. Keiko Fujimori inició su discurso describiendo un panorama crítico del Estado peruano. Señaló que recibió un país con un diagnóstico “complejo y doloroso”, marcado por la corrupción, la ineficiencia pública y la pérdida de oportunidades para millones de ciudadanos.
Como sustento, recordó que, según la Contraloría General de la República, solo durante 2023 el Estado perdió más de S/24 mil millones por actos de corrupción e inconducta funcional. También mencionó que hay miles de obras paralizadas, un sistema de salud deficiente y un transporte urbano que, afirmó, limita el desarrollo de la población.
En ese contexto, aseguró que gobernará 1826 días, los cinco años que establece la Constitución, y afirmó que su principal objetivo será cerrar las brechas sociales y recuperar el crecimiento económico.
No obstante, más allá del diagnóstico, el discurso se centró en la exposición de objetivos generales sin precisar cronogramas, metas verificables ni mecanismos de financiamiento para buena parte de los anuncios.
RESPALDO OFICIALISTA Y RECHAZO DE LA OPOSICIÓN. La presidenta llegó al Palacio Legislativo alrededor de la una de la tarde para recibir la banda presidencial de manos del presidente de la Cámara de Senadores, Miguel Torres, y prestar juramento al cargo.
Dos minutos antes del inicio del mensaje, que comenzó a 13:19, los senadores y diputados de Juntos por el Perú abandonaron el hemiciclo como muestra de rechazo al inicio del nuevo gobierno.
La respuesta llegó desde las bancadas oficialistas y sus aliados, cuyos integrantes aplaudieron la salida de la oposición y corearon “¡Sí se pudo!”, en respaldo a la nueva mandataria.
Con ese escenario político comenzó el primer mensaje presidencial.
EL GRAN AUSENTE: EL SUR DEL PAÍS. Para el analista político Oswaldo Calle, la principal omisión del mensaje presidencial fue la ausencia de una referencia política al sur del Perú.
Aunque la presidenta mencionó a Arequipa al anunciar un futuro sistema de metro, no hubo propuestas específicas sobre proyectos largamente esperados como Majes Siguas II, el Gasoducto Sur Peruano o políticas de reparación hacia las regiones que protagonizaron las protestas sociales de los últimos años.
“Creo que la gran omisión de este mensaje fue esa dirección hacia el sur, hacia las víctimas. También hay una deuda política con el sur que no ha sido atendida por parte de los gobiernos anteriores”, sostuvo Calle.
SIN AUTOCRÍTICA. Otro de los aspectos cuestionados fue la ausencia de autocrítica. Durante todo el mensaje, la presidenta responsabilizó a los gobiernos anteriores por la crisis institucional, económica y social que atraviesa el país, pero evitó hacer alguna referencia al papel que el fujimorismo desempeñó durante los últimos años de confrontación política.
Para Calle, un verdadero mensaje de reconciliación debía incluir el reconocimiento de errores y un pedido de perdón y por el momento no hay esa intención.