El deterioro de la memoria después de los 65 años suele atribuirse al envejecimiento natural, pero el neurólogo estadounidense Richard Restak, profesor clínico de neurología en la Universidad George Washington, lanzó una advertencia contundente al afirmar que el alcohol puede convertirse en un factor silencioso que acelera ese proceso.
“Recomiendo encarecidamente a todos mis pacientes que, pasados los 65 años, se abstuvieran total y permanentemente de beber alcohol”, señaló el especialista, citado por Men’s Health, al explicar que el alcohol actúa como una “neurotoxina débil” que afecta las células nerviosas cuando la reserva neuronal ya es menor.
Restak sostuvo que, en esta etapa de la vida, la capacidad de recuperación del cerebro disminuye, por lo que cualquier daño adicional puede incrementar el riesgo de demencia y Alzheimer. Además, advirtió que el consumo de alcohol en adultos mayores se asocia a más caídas y accidentes domésticos, así como a interacciones peligrosas con medicamentos comunes en esta franja etaria.
“Ese trago nocturno podía convertir una caminata inestable hacia el baño en una visita a emergencias”, remarcó.
La postura del neurólogo encuentra respaldo en investigaciones recientes. Un análisis publicado en BMJ Evidence-Based Medicine, basado en datos de más de medio millón de adultos evaluados por la Universidad de Oxford, concluyó que triplicar la ingesta de alcohol elevaba en 15% el riesgo de demencia, especialmente en personas con predisposición genética. Otros estudios difundidos en la revista Neurology hallaron mayor acumulación de proteínas vinculadas al Alzheimer en quienes consumían ocho o más bebidas por semana.
Los expertos subrayan que la prevención del deterioro cognitivo no depende solo de eliminar el alcohol. Mantener actividad física, dormir bien, controlar la presión arterial y la glucosa, adoptar una dieta mediterránea y fortalecer la vida social e intelectual son estrategias clave para proteger el cerebro en la madurez. Las investigaciones más recientes descartan el supuesto efecto protector del consumo moderado, reforzando la recomendación de reducirlo al mínimo desde la mediana edad.
Richard Restak, con más de cuatro décadas de trayectoria y autor de obras como The Complete Guide to Memory y How to Prevent Dementia, insiste en que el cambio de hábitos es fundamental para preservar la salud cerebral. Su mensaje se alinea con organismos como la Alzheimer’s Society, que recomiendan disminuir al máximo el consumo de alcohol para reducir el riesgo de demencia, en un contexto global donde el envejecimiento poblacional y las enfermedades neurodegenerativas se convierten en un desafío prioritario de salud pública.