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Siembran agua a casi 5000 metros de altura donde sufrían sequía

En las zonas altoandinas de Caylloma, 300 qochas implementadas en 12 comunidades y anexos permiten almacenar agua de lluvia para mantener los pastizales y abastecer al ganado durante las épocas de escasez

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DIARIO VIRAL

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Son aproximadamente 5000 metros sobre el nivel del mar, donde el frío cala hasta los huesos, el viento golpea las montañas y las distancias parecen interminables, el agua es mucho más que un recurso natural: es la posibilidad de seguir viviendo de la tierra.

Estamos en las alturas del distrito de Caylloma, en Arequipa, cerca del límite con Espinar, Cusco. Aquí, donde la altitud se aproxima a la de la cima del volcán Misti, las familias dedicadas a la crianza de alpacas y otros animales enfrentan condiciones difíciles. Las heladas, las temporadas secas y la lejanía de los servicios básicos forman parte de su vida cotidiana.

En este territorio, habitado por más de 3400 personas distribuidas entre comunidades, anexos y estancias alejadas unas de otras, acceder a servicios de salud y educación puede significar largos desplazamientos.

Sin embargo, en medio de este paisaje árido, algo está cambiando. Donde antes había terrenos secos, hoy aparecen pequeñas lagunas artificiales que almacenan agua y devuelven esperanza a los ganaderos.

Son las llamadas qochas, reservorios rústicos que permiten captar y almacenar el agua de lluvia para aprovecharla durante los meses de escasez.

DE UN SUEÑO A UNA REALIDAD. Melchor Ccallocsa Sisa conoce perfectamente lo que significa vivir pendiente de las lluvias. Durante años imaginó contar con una laguna que le permitiera mantener sus pastizales y alimentar a sus animales.

“Hacer lagunas siempre pensamos, en esta zona tan lejana como la que estamos, para tener agua para regar el pastizal y dar agua a nuestros animalitos, pero era un sueño. A Minera Bateas los invitamos aquí y ellos hicieron posible estas lagunillas”, cuenta emocionado.

Para Melchor, el cambio tiene un significado concreto. Su familia depende de la actividad ganadera y cada temporada seca representa una preocupación.

“Tenemos 400 cabezas de ganado y antes no podía alimentarlas. Ahora usamos el agua del dique que construyeron y podemos alimentar a mis animalitos. Esta agua nos dura varios meses”, explica.

Lo que para muchos podría parecer una pequeña laguna, para esta familia significa contar con agua durante parte de la temporada seca y disponer de mejores condiciones para conservar sus animales.

En estas alturas, perder ganado no representa únicamente una pérdida económica. Significa comprometer el sustento familiar y el esfuerzo de años de trabajo.

UNA LAGUNA QUE TAMBIÉN DEVUELVE VIDA AL PAISAJE. La historia de Adelaida Ahuate Sisa es similar. Lleva más de 26 años viviendo en esta zona y sabe cuánto esfuerzo demanda conseguir agua para sus animales.

Ante la necesidad, decidió invertir sus propios recursos para construir una pequeña laguna. Sin embargo, necesitaba ampliar su capacidad.

“Antes no había agua. Yo vivo más de 26 años aquí y compré material e hice una laguna. Ahora me permite criar a mis animales. Tengo 200 animales, entre alpacas y guacayos. Ahora la minera nos ha ayudado en la ampliación de la laguna”, relata.

Adelaida también ha observado otro cambio que la sorprende: la presencia de aves que antes no llegaban a este lugar.

“No había aves. Ahora vienen parihuanas y otras aves”, comenta mientras observa el agua acumulada.

Su testimonio muestra que estas intervenciones no solo contribuyen a la actividad ganadera. También pueden generar nuevos espacios de agua aprovechados por la fauna silvestre.

300 QOCHAS PARA ENFRENTAR LA ESCASEZ DE AGUA. Detrás de estas historias existe un proyecto de mayor alcance.

A través del Fondo Social del distrito de Caylloma, financiado con aportes de Minera Bateas, se ejecutó una inversión de S/3 983 858.69 para implementar 300 reservorios rústicos y estructuras de siembra y cosecha de agua, distribuidos en 12 comunidades y anexos, con 300 beneficiarios directos registrados.

Estas infraestructuras permiten captar, almacenar e infiltrar agua de lluvia, contribuyendo a mejorar la disponibilidad hídrica en las zonas altoandinas.

La iniciativa cobra especial importancia ante el riesgo de temporadas de lluvias deficitarias y sequías asociadas a la variabilidad climática. Cuando las precipitaciones disminuyen, contar con reservas de agua puede marcar una diferencia decisiva para mantener los pastizales y la crianza de animales.

En estas comunidades, donde la ganadería constituye una de las principales actividades económicas, disponer de agua durante varios meses permite reducir la vulnerabilidad de las familias frente a las condiciones climáticas.

Cuando la empresa, las autoridades y la población trabajan juntas

El proyecto de siembra y cosecha de agua fue priorizado por el Comité de Gestión y financiado con recursos del Fondo Social, que recibe aportes de Minera Bateas en el marco del Convenio Marco suscrito con la Municipalidad Distrital de Caylloma y el Frente Único de Defensa de los Intereses de Caylloma (Fudicay).

En este Comité también participan representantes de comunidades, anexos, barrios y de la Federación de Mujeres de Caylloma.

De esta manera, los recursos del Fondo Social se destinan a proyectos priorizados de manera conjunta, tomando en cuenta las necesidades identificadas por la propia población.

Entre 2021 y 2024, Minera Bateas aportó S/8.8 millones al Fondo Social, destinados a proyectos de gestión del agua, educación, conectividad, infraestructura y servicios públicos.

Uno de los avances fue la implementación de tecnología educativa en 20 instituciones, beneficiando a 701 estudiantes mediante computadoras, pantallas interactivas, materiales educativos y conectividad satelital Starlink.

Para el periodo 2025-2028, la compañía comprometió un nuevo aporte de S/14 millones, que permitirá continuar impulsando proyectos priorizados para el desarrollo del distrito.

EL DESAFÍO DE VIVIR LEJOS DE TODO. Llegar a estas comunidades permite comprender una realidad que muchas veces pasa inadvertida desde las ciudades.

Las distancias entre estancias, las dificultades del transporte, pues muchas pistas están inconclusas, y las condiciones climáticas complican el acceso a oportunidades y servicios esenciales.

En lugares como estos, el desarrollo no puede medirse únicamente por grandes obras. También debe observarse en acciones concretas: una familia que dispone de agua, un estudiante que accede a herramientas tecnológicas o un ganadero que puede alimentar mejor a sus animales.

El trabajo articulado entre Minera Bateas, las autoridades y la población demuestra que la inversión social puede contribuir a resolver necesidades urgentes.

Pero también deja una reflexión: el apoyo de una empresa privada no debería reemplazar las responsabilidades del Estado. Las comunidades altoandinas necesitan mayor atención pública, especialmente en salud, educación, infraestructura y servicios básicos.

La lejanía geográfica no debería convertirse en una razón para que sus habitantes tengan menos oportunidades.

SEMBRAR AGUA ES SEMBRAR FUTURO. Mientras en las ciudades el agua suele llegar con solo abrir un caño, en las alturas de Caylloma cada litro almacenado representa esfuerzo, previsión y esperanza.

Para Melchor, significa alimentar sus 400 animales. Para Adelaida, mantener su crianza y ver cómo las aves vuelven a visitar su laguna.

Para otras familias, estas pequeñas reservas pueden convertirse en una herramienta importante para enfrentar los periodos de sequía.

Las 300 qochas financiadas mediante el Fondo Social de Caylloma son una muestra de cómo una intervención adaptada a las necesidades del territorio puede contribuir a mejorar la vida de sus habitantes.

Porque no es sólo sembrar agua, es ayudar a que una población conserve su principal fuente de sustento y tenga mejores oportunidades para el futuro.

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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