“Eran las 15:33 del 23 de junio de 2001 cuando el sur del Perú volvió a enfrentarse a uno de los episodios más destructivos de su historia reciente”, recuerda el sismólogo e investigador Víctor Aguilar Puruhuaya.
Aquel terremoto de magnitud 8.2, con epicentro frente a la costa de Arequipa, sacudió las regiones de Arequipa, Moquegua y Tacna, poniendo fin a 133 años de relativa calma sísmica desde el gran terremoto de 1868.
De acuerdo con informes técnicos elaborados por especialistas del Instituto Geofísico del Perú (IGP) y de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), el evento sísmico alcanzó intensidades entre VII y VIII grados en la escala de Mercalli Modificada, generando daños severos en infraestructura pública y privada.
La evaluación realizada por el investigador Aguilar Puruhuaya documentó afectaciones en 35 600 viviendas y la destrucción de otras 17 585 en la región sur. Los daños alcanzaron hospitales, colegios, iglesias coloniales, casonas históricas y carreteras distribuidas en diversas provincias arequipeñas.
En el Cercado de Arequipa, la Catedral sufrió el colapso parcial de una de sus torres, mientras que templos emblemáticos como Santa Teresa, Santa Marta, La Merced, Yanahuara y Cayma registraron grietas estructurales y desprendimientos en sus elementos arquitectónicos.
Los efectos también alcanzaron colegios y locales de salud. Hospitales como el Goyeneche y el Carlos Alberto Seguín Escobedo presentaron fisuras y daños estructurales, mientras que diversos pabellones de la UNSA registraron agrietamientos en columnas, techos y escaleras.
En provincias, el panorama fue igualmente crítico. Distritos como Cocachacra, Punta de Bombón, Machahuay, Polobaya, Camaná y Aplao reportaron centenares de viviendas colapsadas, además de daños en iglesias, canales de regadío, carreteras y servicios básicos.
La magnitud del desastre convirtió al terremoto del 23 de junio de 2001 en uno de los eventos sísmicos más destructivos registrados en el sur peruano desde el gran terremoto de 1868.
El tsunami que golpeó Camaná 15 minutos después del terremoto. Mientras la población intentaba recuperarse del impacto del sismo, una segunda tragedia se aproximaba desde el océano. Según el estudio elaborado por los geólogos Yolanda Zamudio, Julia Carpio y Henry Salas, del Centro Nacional de Datos Geofísicos del IGP, el tsunami de carácter local se generó tras el terremoto y afectó principalmente a la provincia de Camaná.
Los investigadores determinaron que el mar comenzó a retirarse en diversos puntos de la costa entre Chala e Ilo, alcanzando repliegues de hasta 200 metros en sectores cercanos a Ocoña y Camaná. Minutos después, enormes olas ingresaron violentamente hacia tierra firme.
El estudio concluyó que las olas alcanzaron alturas de entre cuatro y siete metros en la costa camaneja. La inundación avanzó hasta 1300 metros tierra adentro en algunos sectores y se extendió a lo largo de 23 kilómetros paralelos al litoral.
Las zonas más afectadas fueron La Punta, Las Cuevas y El Chorro. El agua destruyó aproximadamente 3500 edificaciones, dañó otras mil viviendas y cubrió con arena más de 2000 hectáreas de terrenos agrícolas próximos a cosecha.
El saldo humano fue devastador. El estudio del IGP reportó la muerte de 23 personas y la desaparición de otras 64, además de cuantiosas pérdidas económicas para una población cuya principal actividad era la agricultura y el comercio.
Uno de los hallazgos más relevantes fue registrado en el mareógrafo de Matarani. Los especialistas detectaron alteraciones en el nivel del mar entre cinco y diez minutos antes del terremoto, fenómeno que podría estar relacionado con desplazamientos asísmicos previos al evento principal.
A 25 años de la tragedia, el terremoto y posterior tsunami de 2001 continúan siendo una referencia fundamental para los estudios de riesgo sísmico en el Perú y un recordatorio de la vulnerabilidad de la costa sur frente a fenómenos de gran magnitud.