En una vivienda del distrito de Miraflores, la fe no solo se reza: se construye, se ilumina y se pone en movimiento. Allí, donde los motores reemplazan al silencio y las luces narran lo que las palabras no alcanzan, la Pasión de Cristo cobra vida en una propuesta única que fusiona devoción y tecnología.
Desde hace siete años, la familia Toni Llerena abre las puertas de su hogar para presentar una impactante escenificación mecatrónica de la vida, pasión y muerte de Jesucristo. Lo que comenzó como una iniciativa íntima, hoy se ha convertido en una experiencia que no solo se observa, sino que se siente.
Detrás de esta obra está el Sr. Marcos Toni Flores, superior de la Unidad de Servicios Especiales (USE), quien desde hace más de 24 años cultiva su pasión por dar vida a escenas religiosas. Su recorrido inició con la elaboración de nacimientos navideños, pero fue el deseo de ir más allá lo que lo llevó, junto a su esposa Anita Llerena y su hija —arquitecta de profesión—, a recrear uno de los relatos más conmovedores del cristianismo.
Esta propuesta no es una simple maqueta. Es una compleja escenografía que reúne más de 150 personajes, distribuidos en siete ambientes y 16 escenas en movimiento. Cada figura, cada vestuario, cada estructura ha sido elaborada con dedicación artesanal: desde túnicas cosidas a mano hasta pelucas de cabello natural donadas. Más de 40 motores dan vida a los personajes, logrando sincronizar movimientos con efectos de sonido, iluminación y narración.
“Esto es una forma de evangelizar”, recuerda Anita, evocando las palabras de un párroco que, años atrás, los animó a compartir su trabajo con la comunidad. Y así lo hicieron.
Lo que comenzó con apenas tres escenas en la sala de su hogar, hoy incluye innovaciones como el imponente Palacio de Herodes, incorporado este año. Cada edición trae consigo mejoras, fruto no solo de la técnica, sino también de la fe.
El proceso no ha estado exento de dificultades. Uno de los mayores retos ha sido representar la crucifixión, una escena que exigió precisión milimétrica en la coordinación de motores, luces y efectos especiales. A esto se sumaron problemas técnicos provocados por la humedad, que incluso llevaron al Sr. Marcos a pensar en abandonar el proyecto. Sin embargo, un sueño —en el que veía la obra culminada— lo impulsó a retomarlo. Días después, la escenografía volvió a la vida.
La inversión supera los 5000 soles, pero para esta familia, el verdadero valor está en el mensaje. “Queremos que las personas no solo vean, sino que reflexionen. Que revivan la pasión de Cristo desde una experiencia realista y cercana”, explica la Sra. Anita.
Las visitas se realizan en grupos reducidos de hasta 12 personas, en presentaciones de nueve minutos, desde las 14:30 horas hasta las 20:30 horas. El ingreso es libre, con aportes voluntarios que permiten seguir innovando año tras año.
Más que una exposición, esta obra es el resultado de un trabajo familiar donde cada talento encuentra su propósito: la arquitectura, la mecatrónica, el servicio y, sobre todo, la fe.
Porque en este hogar, la tecnología no reemplaza la espiritualidad, la potencia. Y así, entre cables, luces y motores, se recuerda que la Semana Santa no es solo tradición, sino una oportunidad para reflexionar, perdonar y creer.
Como resume el propio Marcos Toni: “Aquí hemos puesto nuestros dones al servicio de Dios. Es fe combinada con tecnología”.