Escribe: Sarko Medina Hinojosa.
Cuentista trujillano David Salvatierra publica “¿Acaso no matan a los pitbulls?”, libro donde un aspirante a escritor se despierta convertido en Vargas Llosa y explora los límites del vínculo entre humanos y animales.
David, ¿Qué te obsesiona en este momento como cuentista? En “¿Acaso no matan a los pitbulls?”, que es el cuento que le da título al libro, trato un tema que me obsesiona desde hace años: la relación profunda con los animales de casa, que a veces llega a un nivel de conexión emocional mucho más alto que los que tenemos con otros humanos. En este cuento exploro qué límites se pueden llegar a cruzar cuando algo amenaza ese vínculo. Por otro lado, en “La metamorfosis de Gregorio Sánchez”, me interesó jugar un poco con el tema de la identidad literaria, y para eso tuve que valerme del género fantástico para contar la historia de un aspirante a escritor que una mañana se despierta convertido en Mario Vargas Llosa. Luego están mis pasiones habituales: las grietas en las familias y las especulaciones de la ciencia ficción. Las obsesiones pasan de un cuento a otro, solo cambia la forma.
Fuiste tripulante en un crucero por África, Medio Oriente y Europa antes de escribir
Como tripulante primerizo uno se sube a un barco con muchos prejuicios y baja mucho tiempo después con una gran cofradía de amigos —indios, filipinos, indonesios, colombianos y peruanos, por supuesto— y con la certeza de que, en el fondo, a pesar de las enormes diferencias culturales, no somos tan diferentes. Un crucero que navega con miles de personas a bordo está configurado como una pequeña sociedad, con sus rangos y jerarquías, y los tripulantes son la clase social que está en la base de esa pirámide. No es casualidad que las cabinas de la tripulación estén en el subsuelo del barco. Por eso, muchas veces me sentía más cerca del mesero indio o el lavaplatos filipino que del jefe latino o incluso peruano.
¿Por qué un escritor trujillano sigue publicando desde Trujillo y no desde Lima?
Creo que en los últimos años, con el auge de las editoriales independientes y la facilidad de difusión que dan las redes sociales, la industria editorial está experimentando un proceso de descentralización. Lima ya no es el único destino, y las editoriales pueden operar desde provincias y colocar a sus autores en librerías de todo el país, incluirlos en su catálogo de plan lector, y también promocionarlos en ferias de libros nacionales e internacionales. Trotamundos, la editorial que publica mis libros, hace un gran trabajo en ese sentido.
Llevas cinco libros publicados en doce años. ¿Cómo evalúas tu crecimiento como escritor?
Desde mi primer libro de cuentos fui consciente de que lo único que me servía para avanzar era la búsqueda de nuevas formas para seguir narrando los temas que me interesaban: la fragilidad del tejido familiar, la persistencia de ciertas imágenes del pasado que reviven y siguen dando forma al presente, y también cuestiones que parecen quedar atrás pero siempre vuelven, como las contradicciones de la educación católica, episodios en la vida de escritores marginados y el futuro de la humanidad.