Escrito por: Sarko Medina Hinojosa
Reina María Zúñiga Meza es maestra de Indecopi, reconocida en 2008 y 2009 por el municipio de Sachaca, socio directa de la Asociación de Poetas, Artistas y Escritores (Solaro), y participó en múltiples encuentros culturales desde 2009. Es docente, gestora cultural, y sobre todo, una mujer que ha encontrado en la poesía un medio para expresar su visión del mundo arequipeño y peruano.
“Remembranzas del alma” es un poemario que, como bien dice Wilber Córdova en su presentación, persuade la realidad con pasajes y personajes de nuestra cultura para entregar un ramillete de poemas que conmueven el jardín del afecto.
Veamos el poema “Mi amor de siempre”. Aquí Zúñiga trabaja el paso del tiempo en una relación amorosa con imágenes honestas: “Entre las sombras que me dejaste ¿habrá un rayo de luz para mí? ¿para ver mi nostalgia?... No lo sé. Se congelan mis ideas y un temor oculto bañado en lágrimas cubre mi alma”.
Es poesía directa, sin grandes piruetas retóricas, pero con una sinceridad que conecta. El poema muestra esa tensión entre la nostalgia y el presente, entre lo que fue y lo que quedó. Y cuando dice “Tú, caprichosa, infantil y soñadora vas derrochando alegría y la vida continúa”, hay una observación aguda sobre cómo el tiempo afecta de manera diferente a quienes alguna vez compartieron un camino.
“El anciano va” es uno de los poemas más logrados del libro. Aquí Zúñiga mira con empatía a esa figura invisible en nuestras calles: “El anciano de cabellos grises y piel marchita va caminando por cualquier calle. Nadie conoce su sufrimiento, sus doloridos huesos rehuyendo al dolor y la pobreza”. Es poesía social sin ser panfletaria. No grita ni acusa, simplemente muestra.
“Los años dorados” complementa esa mirada hacia la vejez pero desde otro ángulo: el del amor familiar que acompaña. “Iluminemos sus días cansados y grises con la luz peculiar del amor, ternura y bondad. Contrastando el frío de sus cuerpos con el calor y calidez del corazón”. Aquí la poeta propone una ética del cuidado, un recordatorio de que la dignidad de nuestros mayores depende de nuestra capacidad de amarlos.
Los poemas “Sueños rotos” y “Yaraví” trabajan la decepción amorosa y la pérdida. Son poemas más breves, casi aforísticos, que funcionan como pequeñas punzadas emotivas.
“En la balanza tradicional del tiempo los límites y grandezas se juzgaban”, dice en “Sueños Rotos”, usando la imagen de la balanza para hablar del juicio que hacemos sobre nuestras propias vidas.
El “Homenaje literario al bicentenario de la independencia de nuestra patria” es un poema cívico que expresa amor por el Perú sin caer en el patrioterismo hueco. “¡Cómo no amarte, Perú! Expresamos nuestros más profundos sentimientos al escuchar nuestro hermoso himno nacional”. Es poesía celebratoria, de ocasión quizá, pero sincera en su intención.
Lo que caracteriza la poesía de Zúñiga es su accesibilidad. No busca impresionar con lenguaje rebuscado ni con estructuras complejas. Busca comunicar, llegar al lector, tocar esas fibras comunes que todos compartimos: el amor, la pérdida, el paso del tiempo, la preocupación social, el amor a la tierra.
La poesía de Zúñiga tiene algo que mucha poesía contemporánea ha perdido: el contacto con la realidad inmediata, con las personas reales, con los problemas cotidianos. En tiempos donde tanta poesía se escribe desde y para círculos literarios cerrados, encontrar una voz que habla de ancianos en las calles, de amores perdidos, del Perú que soñamos, es refrescante.