Hay periodistas que comunican a través de su pluma o micro, pero hay otros que con una imagen dan a conocer los hechos. Con más de 15 años de carrera, Diego Ramos Lupo, un destacado comunicador arequipeño, cuya pasión por el periodismo fotográfico nació en campo, logró resaltar a nivel regional, nacional e internacional, haciendo que sus fotografías lleguen, incluso, a la National Geographic.
El camino no fue sencillo para lograr despegar en su carrera y ser reconocido como uno de los mejores, Diego Ramos tuvo que atravesar situaciones extremas, incluso respirando el mismo aire que la muerte. Su carrera inició en 2010, tras culminar su carrera en la Universidad Católica de Santa María, para pasar a las calles de la ciudad. Fue un curso de fotografía que terminó por cambiarle de rumbo y hacerle ver la realidad, pero a través de un lente.
INICIOS. En sus primeros pasos por este oficio, Diego Ramos, a sus 23 años, colaboró con diferentes medios, revistas y semanarios. Mientras alternaba la redacción con su lente, buscaba una nueva forma de comunicar. Sin embargo, no fue hasta que, con una cámara Nikon D-90, fue enviado hacia el distrito de Yarabamba (en 2010), a cubrir las elecciones del sector, donde se alertaron votos “golondrinos” y se daría cuenta de su verdadera vocación.
En el lugar, tras registrar con su cámara lo que parecía una votación tranquila, su olfato periodístico hizo que permaneciera hasta caer la noche para conocer los resultados. Fue entonces que los ánimos terminaron por desbordarse, y mientras un sector de la población tomó la municipalidad, saqueó instalaciones, quemó vehículos y se enfrentaba a la Policía. Era el único reportero que, en medio del caos y lejos de retroceder, continuó en el lugar con su cámara registrando cada instante.
“Fue como un cuento, un niño bajó de un colegio diciendo que había ganado (la alcaldesa de ese entonces, Celia Torres). Mientras un grupo celebraba, otros se enojaron al punto de generar todo el caos (…) Ese día, me llamó la atención la adrenalina y todo lo que involucró”, recuerda Diego satisfecho, debido a que las imágenes de aquella jornada se convirtieron no solo en la portada del medio local para el que trabajaba, sino que también fueron mostradas a nivel nacional.
Este fue el punto de partida de Diego Ramos, quien encontró en la fotografía su propio lenguaje de comunicar. Mientras algunos periodistas y compañeros construían sus relatos a través de entrevistas o largas crónicas, él descubrió que las fotos pueden decir más que mil palabras.
Debido a su talento con la cámara fue convocado por el diario El Pueblo para ser uno de sus fotógrafos principales y durante tres años desarrolló especiales fotográficos y cubrió los hechos diarios. Sin embargo, en una época donde las redes sociales apenas empezaban a ganar espacio, Diego, al querer mostrar sus fotos, y que no se queden en el rincón de las memorias de sus cámaras, decidió compartir y publicar su trabajo en medios digitales que surgían en la ciudad como Frase Corta y HBA.
Entre quienes observaron su trabajo, estuvo la entonces gobernadora regional de Arequipa, Yamila Osorio, quien, debido a su talento, le propuso convertirse en uno de los fotógrafos de la región. Esta oportunidad le permitió a Diego cubrir y registrar hechos poco documentados. Poco a poco, el reconocimiento que alguna vez soñó estaba por llegar.
SALTO INTERNACIONAL. En 2016, tras cubrir el terremoto que remeció Acarí (Caravelí), que dejó fallecidos y varios heridos, fue contactado por Guadalupe Pardo, fotoperiodista de la agencia AP. Sus imágenes del desastre traspasaron fronteras, llamaron la atención de medios internacionales e hicieron que comenzara a colaborar con la agencia. Tras su ingreso asumió nuevas responsabilidades y empezó a cubrir actividades deportivas, desastres naturales y hechos de impacto en el sur del Perú.
Dos años después, apareció un personaje clave en su carrera: Cris Bouroncle, fotoperiodista de AFP, quien tras seguir su trabajo en AP, le ofreció integrarse como colaborador permanente. En este medio documentó partidos internacionales, desastres naturales, protestas como la de fines del 2022 contra el gobierno de Dina Boluarte, entre muchos otros, que le permitieron viajar a diferentes países persiguiendo su pasión: la fotografía.
PANDEMIA. También enfrentó una dura y desafiante cobertura como la covid - 19. Mientras gran parte del mundo permanecía confinado, los fotógrafos de diferentes medios se convirtieron en los ojos de millones de personas. En Arequipa, con un seguro de vida, Diego Ramos pasó de fotografiar calles vacías y mercados a hospitales para comprobar la crítica situación. En plena madrugada y durante el toque de queda, ingresó simulando ser familiar de un paciente.
Lo que encontró lo marcaría para siempre: personas acostadas en el suelo, pacientes esperando oxígeno, familias desesperadas y enfermeras luchando por salvar vidas en medio de la oscuridad. Hasta que una de ellas, tras reconocerlo y con la voz entrecortada, le pidió: “Fotografía todo lo que puedas, porque nadie nos cree”. Diego cumplió esa petición que, pese a ser retratada, intentó ser desacreditada por algunas voces que buscaron ocultar lo evidente.
Estas fotos llegaron a medios nacionales e internacionales: todo el mundo ya había visto la crítica situación de la pandemia en la región. Durante esos meses también conoció el verdadero significado del miedo, una sensación que su colega Cris Bouroncle comparaba con la de una guerra: ver a una persona con vida y, minutos después, presenciar su muerte.
DESTACADA FOTO. Cuando llegaron las vacunas contra la covid - 19, Diego volvió a encontrar una historia capaz de emocionar al mundo: dos enfermeras cruzando un río utilizando un tronco para llevar la medicina. Este instante, que fue captado por el fotoperiodista, fue reconocido entre las mejores imágenes del mundo, además de aparecer en National Geographic. Sin embargo, para él, este reconocimiento no era solo un premio personal, sino la confirmación de que las historias nacidas en Arequipa podían conmover al mundo entero.
“Si sabes contar una historia, claro que le puede importar a cualquiera”, reflexiona recordando que detrás de cada noticia existe una historia que merece ser contada.