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Emilio Lissón Chávez: el arequipeño que llegó a ser arzobispo de Lima nació en una casona de San Lázaro

Una vivienda del callejón Tejada guarda la memoria del religioso que se convirtió en el XXVII arzobispo de Lima, cuya vocación estuvo marcada por su madre, su abuela y su formación en Arequipa.

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DIARIO VIRAL

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Escribe: Dante Zegarra López.

 

Hay lugares que pertenecen a la historia de una ciudad por su arquitectura. Otros adquieren significado porque en ellos comenzó una vida que después trascendió sus propios límites.
En una casona del callejón Tejada, vinculado al tradicional barrio de San Lázaro, nació Emilio Lissón Chávez el 24 de mayo de 1872. La casa conserva un friso en alto relieve con los monogramas de Jesús, María y José, detalle que forma parte de la memoria del inmueble.

Aquel niño recibió en el bautismo el nombre de Juan Francisco Emilio Trinidad Lissón Chávez. Con el tiempo, sin embargo, sería conocido simplemente como Emilio y llegaría a convertirse en el XXVII arzobispo de Lima y primado del Perú.

Su infancia estuvo marcada por una circunstancia familiar decisiva. Quedó huérfano de padre a muy temprana edad y su madre, Dolores Chávez Fernández, asumió una responsabilidad aún mayor en su formación.

Junto a ella estuvo su abuela materna, Carlota Fernández. Ambas mujeres fueron fundamentales en su educación y, especialmente, en la transmisión de la fe que acompañaría al futuro sacerdote durante toda su vida.

No es difícil comprender la importancia de aquella educación si se observa la trayectoria posterior de Lissón. La vocación religiosa no apareció como un episodio aislado, sino dentro de una formación familiar que encontró continuidad en sus maestros y en la Iglesia.

Estudió en el colegio San Vicente de Paúl de Arequipa, dirigido por el sacerdote vicentino Hipólito Duhamel. Allí recibió una formación que enlazaba disciplina intelectual, espiritualidad y preocupación por los necesitados.

El contacto con la Congregación de la Misión fue decisivo. Su carisma, orientado a las misiones y al servicio de los pobres, ofreció al joven Emilio un camino que terminaría en proyecto de vida.

Después ingresó al Seminario Mayor de San Jerónimo de Arequipa para continuar sus estudios de humanidades y filosofía. Su formación, sin embargo, no quedó limitada al ámbito estrictamente religioso.

En 1892 fue enviado a París para continuar su formación en la Casa Madre de los Vicentinos. Emitió sus votos el 25 de marzo de 1894 y recibió la ordenación sacerdotal el 8 de junio de 1895.

Había comenzado en una casona arequipeña y terminaría entrando en la historia de la Iglesia peruana. Entre ambos momentos hubo un largo camino de estudio, oración, trabajo y servicio.
Pero las biografías suelen cometer una injusticia cuando comienzan por los grandes cargos. Antes del arzobispo estuvo el niño; antes del obispo estuvo el joven; y antes del sacerdote estuvieron una madre y una abuela.

Por eso, recordar a Lissón desde su nacimiento permite comprender mejor al personaje. Su historia comenzó mucho antes de Chachapoyas, Lima o España.

Comenzó en una familia que educó, en una ciudad que formó y en una vocación en la que encontró maestros capaces de orientarla.

Quizá por eso la casona del callejón Tejada merece ser mirada con otros ojos. No solo conserva un elemento arquitectónico religioso, sino también la memoria del nacimiento de uno de los eclesiásticos peruanos cuya vida sigue siendo estudiada por la Iglesia.
 

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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