El celular puede convertirse en un espejo que nunca se apaga. En TikTok e Instagram aparecen cuerpos perfectos, dietas, rutinas extremas y vidas cuidadosamente editadas. Para un adolescente que ya enfrenta inseguridades, esa exposición puede alimentar una pregunta peligrosa: ¿por qué yo no me veo así?
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) no tienen una sola causa. Intervienen factores biológicos, psicológicos y ambientales, pero las redes sociales han adquirido un papel cada vez más presente en la vida de los adolescentes.
Una investigación de la Universidad Científica del Sur encontró que el 35,7 % de las estudiantes de 14 a 17 años evaluadas en Lima presentaba riesgo de sufrir un TCA. El estudio también identificó que, por cada punto adicional en la escala de uso de redes sociales, la prevalencia del riesgo aumentaba aproximadamente 3 %.
El problema no está únicamente en cuánto tiempo pasan frente a una pantalla, sino en qué consumen durante esas horas. Contenido sobre dietas, pérdida de peso, ejercicio extremo y estándares de belleza irreales puede reforzar la comparación constante. Los investigadores advierten, además, que los adolescentes pueden imitar conductas de personas a las que consideran referentes de belleza, aunque estas no tengan respaldo profesional.
PANTALLAS. La exposición digital comienza cada vez más temprano. Según el INEI, durante el primer trimestre de 2026, el 75,4 % de niños y adolescentes de 6 a 17 años utilizó internet. Entre quienes tienen de 12 a 17 años, la cifra llegó al 88,2 %. Además, el 64,7 % de los menores de 18 años accedió a internet mediante un celular.
En ese escenario, el psicólogo Julio Abarca, especialista en Promoción de la Salud y Terapia Familiar, advierte que la influencia digital aparece con frecuencia en su práctica profesional.
“Hay una obsesión por las calorías. Entonces, ya comienzan a ver qué dieta es más adecuada, qué deben hacer cada minuto del día”.
Para Abarca, las redes no actúan solas. En muchos casos se combinan con problemas de autoestima, dificultades para manejar las emociones y entornos familiares con poca comunicación.
“Todos tienen problemas de autoestima, definitivamente”.
El especialista sostiene que la exposición a estos contenidos puede convertirse en un factor relevante cuando el adolescente ya presenta otras condiciones de vulnerabilidad.
“Es un factor también determinante en esto”.
EL PAPEL DE LA FAMILIA. La prevención también comienza fuera de la pantalla. Abarca considera necesario que los padres conozcan qué consumen sus hijos en internet y acompañen su experiencia digital, sin limitarse únicamente a controlar el tiempo de conexión.
“Nosotros los papás tenemos que controlar el consumo de programas, de redes sociales, de televisión, de todo lo que ingresa por los ojos de nuestros hijos”.
Pero el control no reemplaza la comunicación. El especialista insiste en fortalecer el autoestima, el autocuidado y el vínculo familiar, evitando comentarios que puedan convertirse en nuevas heridas.
Porque detrás de una búsqueda sobre calorías, una dieta extrema o una comparación frente al espejo puede existir un adolescente que no está buscando solamente cambiar su cuerpo, sino sentirse suficiente.