El desierto de Atacama, en Chile, alberga algo más que extensas tierras pardas y resecas. Entre sus colinas se encuentra una especie de megavertedero que es visible incluso desde el espacio, pero la realidad es que no se trata de desperdicios de basura, sino de ropa desechada que lleva allí desde hace años y que, en total, forma una gran montaña de 39 000 toneladas de ropa.
Sobre ello se ha hecho eco la prestigiosa revista National Geographic quien apunta a un ciclo muy parecido de la ropa en Chile: Según 20 minutos, en Iquique las prendas de ropa se dividen en función de su calidad para luego ser exportadas a Panamá, República Dominicana, Asia, África, o incluso Estados Unidos. El resto acaba en tiendas o mercadillos y lo que no interesa se acaba dejando en este desierto. Es, así, la imagen más representativa del consumismo desenfrenado de la industria de la moda. Lo cierto es que Chile es oir mucho tiempo un centro de ropa de segunda mano a donde llegan prendas fabricadas en China o en Bangladesh, que pasan luego por Europa, Asia o EE. UU. y que acaba en este país para ser revendida o distribuida por toda América Latina.
En concreto, unas 59 000 toneladas llegan cada año al puerto de Iquique, en el norte del país, para ser revendida. Gran parte de todas estas prendas va a parar a la capital del país, Santiago de Chile, y el resto se distribuye por otros países latinoamericanos.
De todo ello, lo que acaba sin poder venderse o colocarse como contrabando es lo que acaba finalmente en este desierto.