Y este panorama tan tétrico podría multiplicarse varias veces considerando que en el año 2025 se reportó el robo de un millón y medio de celulares, sumándose, además, los 198 mil presuntos delincuentes que detuvo la Policía cuando cometían algún delito.
Esto explica por qué para el 78 % del pueblo, la prioridad del futuro gobierno de la señora Fujimori debe centrarse en combatir la delincuencia y la inseguridad social.
Y tienen razón, porque de los 217 mil adultos que tienen sentencias condenatorias, 106 las cumplen en alguno de los 69 penales que hay en el país. Los demás, gozan de libertad con restricciones. Consecuentemente, por cada 100 adultos de 18 a 75 años, uno está condenado.
Un porcentaje que confirma la crisis de valores que corroe la sociedad, el fiasco de las políticas gubernamentales y la carencia de estadistas en los gobiernos nacionales.
Entendamos que estas miserias no son recientes. Se agravaron por la educación paupérrima que se imparte en las escuelas públicas, desde mediados del siglo XX, fruto de profesores inadecuadamente preparados, la pésima infraestructura de los centros educativos, los contenidos que se imparten desfazados con la realidad y los presupuestos diminutos.
Sumemos a ello las consecuencias de la transculturización que vive el país durante los últimos 70 años, por la migración del Ande y la Amazonía a las ciudades de costa. En 1950 el 73 % de la población vivía en zonas rurales, hoy apenas el 23 %.
Analizando algunos rasgos de la población que soporta carcelería, tenemos, por ejemplo, que el 20 % no culminó estudios primarios, el 73 % se crio en hogares que priorizaron el alcohol, las drogas y la violencia física. Y el 24 % no conoció a su progenitor varón.
La señora Fujimori ha esbozado la posible construcción de 4 centros penitenciarios, pero el hacinamiento es sólo una arista del problema, considerando que el 64 % de los delitos cometidos por la población encarcelada están asociados al robo, hurto, el sexo y las drogas.
Todos ellos, delitos sociales derivados de la ausencia de valores en la crianza de nuestra niñez. Un tema que involucra a los padres, a los profesores, al estado y a la sociedad valorativa de nuestro querido Perú. Esta crisis tan compleja y profunda demanda la participación no sólo emocional de todo el pueblo valorativo.
El crecimiento de la delincuencia en el país se multiplica vertiginosamente. En los últimos 16 años la población en los penales ha subido 2.2 veces. Y en Arequipa, en los últimos 36 años se ha incrementado en 3.8 veces. El Estado deber priorizar la creación de universidades pedagógicas de primer nivel y acoger en ellas a los estudiantes más brillantes que egresen de la secundaria, concediéndoles, luego, buenas remuneraciones. Salvemos a nuestro país.