En quince días, asumirá una nueva administración nacional. Al inicio del próximo año, Arequipa también tendrá un nuevo gobierno regional. Ambos recibirán un diagnóstico que no podrá ser negado por ningún discurso: los resultados del Censo Nacional 2025.
Los censos no solo cuentan habitantes. También revelan aciertos, omisiones y responsabilidades.
Son el espejo en el que una sociedad descubre cómo ha cambiado y cuáles son los desafíos que deberá afrontar en los próximos años.
Arequipa alcanzó 1 814 396 habitantes. Se consolidó como la cuarta región más poblada del país y el principal polo económico del sur.
Su crecimiento anual llegó al 2 %, mientras que la migración neta alcanzó 5,9 %, una de las más altas del Perú.
Miles de familias llegaron desde Puno, Cusco, Apurímac y otras regiones buscando trabajo, educación y mejores servicios. El saldo migratorio subió de poco más de treinta y cinco mil personas en 2017 a casi trescientas mil en 2025.
Esta confianza reconoce el dinamismo de Arequipa, pero también implica una gran responsabilidad.
La migración siempre ha enriquecido a las sociedades. Aporta trabajo, emprendimiento y diversidad. Sin embargo, también incorpora costumbres, hábitos y formas de convivencia que entran en tensión con la tradición cívica y la identidad histórica de Arequipa. La solución no consiste en rechazar a quienes llegan, sino en fortalecer una cultura común basada en el respeto a la ley, la convivencia, el cuidado de los espacios públicos y el orgullo por una ciudad que forjó durante siglos una personalidad propia.
Otra cifra requiere atención urgente. Hoy existen 82 personas adultas mayores por cada cien menores de quince años. El descenso de la natalidad junto al incremento de la esperanza de vida cambia la estructura social. El futuro necesitará mejores servicios médicos, protección social y ciudades diseñadas para una población cada vez más envejecida.
Arequipa conserva ventajas significativas. El nivel de pobreza en la región figura entre los más bajos del país y existen proyectos que pueden convertirla en un eje logístico y productivo del sur. Sin embargo, ninguna inversión compensará el crecimiento urbano desordenado, la crisis del agua, el transporte deficiente o la pérdida progresiva de una identidad que ha distinguido a la Ciudad Blanca durante generaciones.
Los nuevos gobernantes recibirán mucho más que cifras. Recibirán una hoja de ruta. Los censos no eligen autoridades, pero muestran dónde están los problemas y cuáles deben ser las prioridades. Los números ya hablaron. Ahora corresponde a las autoridades actuar con visión, firmeza y amor por Arequipa.