Opinión

BTS: el fenómeno cultural que transforma vidas

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LIBERTAD MERMA

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Hay artistas que llenan estadios y otros que consiguen algo más difícil: acompañar emocionalmente a quienes atraviesan momentos de soledad, inseguridad o tristeza. BTS pertenece, para millones de personas, a esa segunda categoría, porque sus canciones hablan de heridas, esperanza y aceptación.

Kim Namjoon (RM), Kim Seokjin (Jin), Min Yoongi (SUGA), Jung Hoseok (j-hope), Park Jimin (Jimin), Kim Taehyung (V) y  Jeon Jungkook (Jung Kook) han construido una trayectoria musical en la que aparecen preguntas sobre la identidad, la presión social, el miedo al fracaso y la importancia de aprender a quererse. No se trata de afirmar que una canción sustituye la atención psicológica, sino de reconocer que la música puede ofrecer consuelo, ayudar a expresar emociones y hacer que una persona se sienta comprendida. 

Un estudio publicado en 2021 por Jin Ha Lee, Arpita Bhattacharya, Ria Antony, Nicole Santero y Anh Le, basado en 1190 respuestas de seguidores, identificó experiencias de consuelo, crecimiento personal y afrontamiento emocional vinculadas con la música de BTS. 

La dimensión literaria de BTS también merece atención. En mayo de 2026, el crítico literario surcoreano Yim Hun-young, director del Museo Nacional de Literatura Coreana, elogió la calidad poética de Spring Day y sostuvo que el grupo reunía méritos para aspirar a un Premio Nobel de Literatura. Se trata de una valoración personal del crítico, no de una candidatura oficial, pero evidencia que sus letras pueden suscitar discusiones más allá de la industria musical.

Y aquí aparece una parte fundamental de esta historia: ARMY, el nombre con el que se identifica la comunidad mundial de seguidores de BTS. Sus integrantes no se limitan a escuchar canciones, aprender coreografías o acompañar lanzamientos. En distintas partes del mundo han organizado campañas solidarias, recaudaciones y acciones de sensibilización que demuestran su capacidad de coordinación.

Esa capacidad organizativa merece análisis y reconocimiento. Cuando una comunidad internacional logra difundir información, reunir recursos y coordinar iniciativas en poco tiempo, demuestra el potencial de las redes sociales cuando se utilizan para algo más que la confrontación, la desinformación o la búsqueda de popularidad.
Por eso, reducir a BTS a un fenómeno juvenil o descalificar a sus seguidores por sus gustos musicales es una forma superficial de mirar una realidad cultural mucho más amplia. 

Y hay una lección que trasciende a los escenarios. La disciplina para prepararse, la constancia para trabajar en equipo, la capacidad de comunicarse con públicos diversos y la voluntad de movilizar esfuerzos hacia objetivos compartidos son cualidades que también importan en las instituciones.

Las autoridades no necesitan convertirse en artistas ni imitar a una banda de K-pop. Necesitan comprender el valor de escuchar, trabajar con objetivos claros, actuar con responsabilidad y sostener sus compromisos. Si quienes ejercen cargos públicos aplicaran con mayor constancia esos principios, ¿cuántos proyectos avanzarían, cuántas necesidades serían atendidas y cuánta confianza podría recuperar la ciudadanía?

BTS no es perfecto, ARMY tampoco, y ningún artista puede resolver por sí solo los problemas de una sociedad. Pero eso no invalida el valor de una obra que ayuda a muchas personas a sentirse acompañadas. Quizá esa sea la enseñanza más importante: una canción puede empezar como una experiencia íntima y terminar inspirando un gesto hacia otra persona.

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Periodista

Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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