Seguramente hay muchos. Evocaré a quien ilustró un camino ejemplar de patriotismo.
En el anochecer del 29 de junio de 1823 la plaza de Armas de Lima soportaba una garúa intensa. El silencio habitual se quebró cuando 6 fusiles disparados por soldados españoles destrozaron el pecho del humilde pescador chorrillano José Olaya Balandra, con lo cual terminaron 2 días de torturas diabólicas ordenadas por generales europeos, en presencia de su madre Melchora Balandra.
Las únicas palabras que pronunció Olaya en respuesta a las torturas siguen ejemplificando él debe ser del patriota. “Si mil vidas tuviese, gustoso las perdería, antes de traicionar a mi patria, revelando la identidad de los patriotas”. Horas después, un centenar de pescadores chorrillanos descolgó su cuerpo mutilado, sin cabeza ni lengua, de las rejas exteriores del palacio de Gobierno.
En las 2 últimas décadas, los expresidentes Fujimori, Toledo, Humala, Castillo y Vizcarra, han sufrido carcelería y Kuczynski, arresto domiciliario. Todos ellos y algunos más, nos ha robado la confianza de creer en nuestros gobernantes y en nuestras instituciones. E hicieron de la política, el oficio del engaño, del hurto, de la traición y la mediocridad.
Y la explicación es simple. Ninguno de ellos tuvo conciencia de lo que implica ser patriota. Quizá Fujimori, en su primer gobierno, la tuvo, pero terminó borrando con su mano izquierda las buenas obras edificadas con su mano derecha. Sumemos a ellos, a la señora Boluarte, el remedo más burdo de patriotismo; sin olvidar a José Jeri y José Balcázar, indignos mayúsculos del cargo.
Consigno al héroe José Olaya, con la esperanza que alguno de nuestros gobernantes futuros, trasunte por el camino del deber ético y moral para con su patria, que cumpla con la legalidad y siembre justicia, honor y respeto en cada acto de su gobierno, para que al final de su mandato se mire al espejo y su conciencia le diga, ve tranquilo porque serviste a tu pueblo con amor, eficiencia y dedicación, en democracia y transparencia.
Que suerte sería para nuestro querido Perú, tener algún día un presidente, o presidenta, que llegue a Palacio con las recetas apropiadas y certeras para solucionar las graves coyunturas que azotan a nuestro Perú, como la inmoralidad, la delincuencia, la desnutrición de nuestros niños y la educación paupérrima que reciben 6 millones de escolares en las escuelas públicas.
Y con la fuerza y sabiduría para enderezar las instituciones públicas, actuales emporios de anarquía, incapacidad e inmoralidad, con énfasis redoblado en salud y justicia.
En pocos días la señora Fujimori será la décima presidenta desde el 28 de julio de 2016 y la primera mujer elegida por el pueblo. Que el Altísimo la ilumine y nos demuestre en cada acto, el patriotismo por ahora desconocido en Palacio Pizarro. La historia se lo reconocerá.