Arequipa asiste a un espectáculo que oscila entre el descaro político y la burla institucional. El último miércoles en el corso por el aniversario de la feria del Altiplano, se vio una escena que indigna: el vacado exalcalde Víctor Hugo Rivera reapareció públicamente, no como un vecino más, sino marchando activamente en clara campaña electoral como candidato a regidor provincial. La indignación no solo nace de su terca persistencia por aferrarse al poder tras ser expectorado legalmente del sillón municipal, sino de la ligereza y demagogia con la que pretende reconquistar al electorado arequipeño.
Durante el recorrido, Rivera no dudó en lanzar una promesa tan estridente como técnicamente inviable: manifestó con total soltura que el pasaje del transporte urbano en la ciudad debía volver a costar un sol. Detrás de esta declaración no hay un estudio técnico, no hay un plan de subsidios real, ni una propuesta seria para reestructurar el caótico Sistema Integrado de Transportes (SIT); lo que hay es el más puro y rancio populismo. Prometer una tarifa de un sol en el contexto económico actual, ignorando los costos operativos de los transportistas, la inflación y los contratos vigentes, es tratar al ciudadano de a pie como un menor de edad al que se le puede engañar con ilusiones baratas a cambio de un voto.
Resulta irónico que quien no pudo gestionar con transparencia y eficiencia la municipalidad, dejando un tendal de cuestionamientos que gatillaron su vacancia, pretenda ahora presentarse como el salvador del bolsillo popular desde una regiduría. El corso de la feria del Altiplano debió ser una fiesta de identidad y comercio local, pero Rivera y su entorno lo convirtieron en un mitin proselitista de promesas vacías. Arequipa necesita líderes con propuestas técnicas y respeto por la ley, no políticos vacados que apelen a la demagogia de un sol para limpiar su imagen y volver a asaltar el poder.