Opinión

Deja de hacerte la víctima

post-img
DIARIO VIRAL

DIARIO VIRAL
redaccion@diarioviral.pe

Rubén “el loco” Cáceres no parecía un personaje trágico. No había perdido nada extraordinario, no arrastraba una historia de novela. Sin embargo, mientras se peina cada mañana frente al espejo, ensayaba la misma frase con disciplina casi religiosa: “otro día más o vamos sobreviviendo”. Lo decía con naturalidad, como quien comenta el clima. Y así, sin darse cuenta, fue convirtiendo su vida en un parte diario de resignación.

Un día —no por iluminación, sino por cansancio— decidió hacer algo diferente: escucharse. No hacia afuera, donde solemos cuidar las palabras, sino hacia adentro, donde podemos ser brutales, aquí no podemos engañarnos. Descubrió que su diálogo interno era una suma de pequeñas derrotas anticipadas. Nada grave por separado, pero devastador en conjunto.

Ese fue el inicio de su viaje. No hubo maletas ni aeropuertos, pero sí un desplazamiento más complejo: pasar de la queja automática a la observación consciente. Al principio, todo le sonaba impostado. Cambiar “no puedo” por “voy a intentarlo” le parecía un gesto casi tonto, como si estuviera engañándose. Y, sin embargo, persistió. No porque creyera en fórmulas mágicas, sino porque empezó a sospechar que su manera de hablarse no era inocente.

La filosofía ya había dejado pistas. Epicteto advertía que no son los hechos los que nos perturban, sino la interpretación que hacemos de ellos. El Loco Cáceres no podía cambiar todo lo que le ocurría, pero sí la narrativa con la que lo enfrentaba. Y eso, aunque parezca menor, alteraba su disposición a actuar.

Más adelante, casi como quien tropieza con una idea en una conversación con Rosendo, se encontró con el concepto del “cuidado de sí” de Michel Foucault. No era un permiso para la compasión, sino una exigencia: tratarse con dignidad, incluso cuando uno falla. Sobre todo, cuando uno falla.

La ciencia, por su parte, no desmintió su intuición. La neuroplasticidad le daba una base concreta: repetir una forma de pensamiento no es bueno; deja huella, crea caminos, facilita que esa misma ruta se recorra otra vez. El Loco Cáceres entendió, entonces que su antiguo “sobreviviendo” no era solo una palabra: era un entrenamiento.

Pero, no todo fue lineal. Hubo días en que volvió a su viejo libreto con una precisión admirable. “No sirvo para esto”, “otra vez igual”, “para qué intento”. La diferencia es que ahora lo notaba. Y en ese pequeño acto de notar, algo cambiaba. Ya no era un reflejo automático; era una elección en disputa.

Con el tiempo, su lenguaje empezó a cambiar. No hacia un optimismo ingenuo —no se repetía “todo está perfecto”—, sino hacia una honestidad menos cruel. “Esto no salió bien, pero puedo corregirlo”. “Hoy avancé poco, pero avancé”. Frases modestas, casi discretas, pero que iban reordenando su relación consigo mismo.

Curiosamente, nada espectacular ocurrió afuera. El mundo siguió siendo el mismo: exigente, impredecible, a veces ingrato. Lo que cambió fue la forma en que Rubén “el loco” Cáceres se habitaba. Dejó de tratarse como un problema y empezó a tratarse como un proceso.

Y eso, aunque no se anuncie en titulares, tiene consecuencias. Porque, dejar de hacerse la víctima no es negar el dolor ni maquillar la dificultad. Es dejar de convertir cada tropiezo en identidad. Es mirarse sin complacencia, pero también sin desprecio. Es, en el fondo, una forma de respeto.

El Loco Cáceres no se volvió extraordinario. Pero, dejó de decir “sobrevivo” como si fuera una condena. Ahora, cuando le preguntan cómo está, a veces responde —con una media sonrisa, casi irónica—: “aprendiendo”.

Y quizá, en ese verbo, haya más verdad que en todas sus antiguas certezas.

DIARIO VIRAL

DIARIO VIRAL

Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

Articulos Relacionados