The Economist, es una publicación semanal en lengua inglesa, con sede en Londres, que aborda la actualidad de las relaciones internacionales y la economía mundial. Publicó su primer número en 1843 bajo la dirección de James Wilson. El año 2006 creó el Índice de Democracia Global, en el cual se estudia el funcionamiento de la democracia en 167 países del mundo, haciendo una clasificación de cuatro categorías: 1. Democracias plenas, son una minoría entre 25 a 37 países, liderados tradicionalmente por Noruega, Suecia, Islandia y Suiza. 2. Democracias imperfectas, sistemas con elecciones libres, pero con fallas estructurales en otras áreas. 3. Regímenes híbridos, gobiernos que combinan elecciones democráticas con prácticas autoritarias. 4. Regímenes autoritarios, más de un tercio de los países, donde las libertades están suprimidas.
El Informe del Índice de Democracia 2025, señala lo siguiente: tras ocho años de declive, la democracia global se ha estabilizado; el retroceso democrático ha tocado fondo y casi el 75% de países mejoraron o mantuvieron sus puntuaciones. Las democracias plenas continúan siendo lideradas por los países nórdicos (Noruega, Dinamarca, Islandia, Suecia y Finlandia) y Nueva Zelanda. Estados Unidos ha tenido una caída notable, descendiendo del puesto 28 al 34 debido a un mayor deterioro en sus libertades civiles y funcionamiento gubernamental.
En América Latina, Uruguay y Costa Rica son democracias plenas; Paraguay, ascendió a democracia imperfecta, donde está la mayoría de países; se han dado casos severos de retroceso, por ejemplo, Colombia sufrió una de las caídas más abruptas en el ranking global; Venezuela, Cuba y Nicaragua, son regímenes autoritarios.
Nuestro país, en el año 2006 fue clasificado como democracia imperfecta, en los últimos años, en el contexto político internacional The Economist, lo clasifica de “régimen híbrido”, manteniéndose en esta categoría; combina elementos democráticos, como: elecciones y garantías electorales básicas, con graves rasgos autoritarios, debilitamiento institucional, crisis en el sistema de justicia, alta inestabilidad política y una cultura política polarizada. A partir del 28 de julio de 2026, volvamos a ser, al menos democracia imperfecta, luego, democracia plena ¿acaso no lo merecemos?