Durante los últimos años, caminar por el centro histórico de Arequipa dejó de ser un orgullo ciudadano para convertirse en un ejercicio de frustración. La gestión del vacado exalcalde Víctor Hugo Rivera no solo abandonó el principio de autoridad en el corazón de nuestra Ciudad Blanca, sino que convirtió nuestra zona monumental —Patrimonio Cultural de la Humanidad— en un escenario de desorden, comercio ambulatorio sin control y crecientes focos de inseguridad. Por si fuera poco, la respuesta de la anterior administración ante la delincuencia fue la colocación de parches improvisados, como las polémicas vallas metálicas que enrejaron la Plaza España, aislando el espacio público y declarando la incompetencia de una autoridad que prefirió esconder los problemas antes que resolverlos.
Ese panorama gris y resignado, sin embargo, ha comenzado a cambiar de manera radical. La actual gestión municipal ha asumido las riendas de la provincia con una visión completamente opuesta: devolverle las calles al ciudadano y recuperar el orden perdido. El reciente y aplaudido retiro de las vallas en la Plaza España es mucho más que una acción logística; es un potente mensaje político y un acto de liberación urbana. La actual administración ha demostrado en pocas semanas que el Centro Histórico no se defiende enjaulándolo, sino recuperando el control con patrullaje preventivo, firmeza contra las mafias informales y erradicando el consumo de alcohol en la vía pública.
Mientras el periodo anterior nos dejó un centro tugurizado y caótico, las autoridades vigentes están marcando la pauta de cómo debe lucir un gobierno local moderno: articulando con las juntas vecinales, reforzando el serenazgo y devolviendo la dignidad a nuestros monumentos históricos. El contraste es innegable. Frente a la desidia y el abandono de la gestión saliente, hoy vemos un liderazgo dinámico que no le teme a la toma de decisiones audaces para restablecer la paz y la limpieza que la población arequipeña exigía a gritos.
El camino para recuperar el esplendor total de Arequipa es largo, pero el cambio de rumbo ya está en marcha. La firmeza con la que la actual gestión ha decidido limpiar el pasado y abrir las puertas al orden nos demuestra que, cuando hay voluntad política y capacidad técnica, recuperar la ciudad es posible. Arequipa ha vuelto a levantar la mirada, dejando atrás los años del descuido para volver a ser la ciudad blanca que todos merecemos.