Un padre fue atacado a balazos cuando salía de su vivienda en Miguel Grau, Paucarpata. Dos sujetos en motocicleta lo interceptaron y dispararon; murió en el hospital Edmundo Escomel. Su hijo presenció el ataque.
La Policía investiga el móvil y la hipótesis apunta a un posible ajuste de cuentas o disputa territorial. Pero detrás de cada investigación existe una familia que queda marcada. Para un niño, ver morir violentamente a su padre no es una cifra policial ni una estadística mensual: es una experiencia que puede acompañarlo durante toda su vida.
El crimen organizado, la extorsión, el sicariato y otras expresiones de violencia dejaron hace tiempo de ser conceptos exclusivamente nacionales. También se sienten en las calles, frente a viviendas, mercados y colegios. La pregunta es cuánto estamos dispuestos a esperar para responder con eficacia.
Precisamente hoy, la presidenta Keiko Fujimori colocó ante la Asamblea General de la ONU la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado entre los principales desafíos del Perú. También planteó fortalecimiento de las capacidades para prevenir, investigar y enfrentar estas redes criminales.
El planteamiento nacional tendrá que traducirse en acciones concretas. Porque para una familia arequipeña poco significa escuchar que el Estado combatirá las organizaciones criminales si en su barrio un sicario puede aparecer en motocicleta, disparar varias veces y desaparecer antes de que llegue la Policía.
La seguridad tampoco puede reducirse a más patrulleros o mayores penas. Requiere inteligencia policial. Y aquí aparece una responsabilidad que alcanza a todos los niveles del Estado. El Gobierno nacional tiene competencias fundamentales en seguridad, pero las autoridades regionales y municipales también deben contribuir desde la prevención, recuperación de espacios, cámaras, iluminación, ordenamiento urbano y coordinación permanente con la Policía.
El asesinato ocurrido en Paucarpata no debería convertirse simplemente en la noticia de un día. La sociedad necesita saber quién fue Mario Venegas, qué ocurrió y si detrás del ataque existe una estructura criminal. Necesita, sobre todo, que la investigación produzca respuestas.
Mientras el país anuncia ante el mundo una lucha frontal contra el crimen, en Arequipa los ciudadanos esperan comprobar que esa lucha también llegó hasta ellos.