El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) confirmó que la primavera estará marcada por temperaturas hasta cinco grados por encima de lo habitual y lluvias crecientes en el norte, especialmente en Tumbes y Piura. Estas precipitaciones, que ya comenzaron a registrarse, podrían intensificarse desde fines de septiembre, generando huaicos y bloqueos de vías.
El impacto no se limita al clima. El Banco Central de Reserva ha advertido que los precios de alimentos como arroz, café, limón, plátano y papa podrían subir debido a la afectación de cultivos y dificultades en el transporte. La escasez de forraje también amenaza la producción pecuaria, lo que incrementaría los costos de productos básicos de la canasta familiar. Este panorama inflacionario podría prolongarse hasta mediados de 2027, afectando directamente a los hogares más vulnerables.
La Comisión Multisectorial ENFEN ha señalado que El Niño Costero continuará con magnitud extraordinaria hasta el verano de 2027, con lluvias superiores a lo normal en la costa norte y central. Los ríos de la región podrían presentar caudales elevados, aumentando el riesgo de desbordes y activación de quebradas.
El llamado es claro: las autoridades deben acelerar las coordinaciones y actuar con decisión para mitigar los efectos de este fenómeno climático. La improvisación no puede ser la respuesta frente a un evento de magnitud extraordinaria que amenaza vidas, infraestructura y la economía nacional. La prevención y la acción conjunta entre gobierno central, regiones y comunidades son la única vía para evitar que El Niño se convierta en una crisis aún más devastadora para el Perú.