Este martes, el nuevo Congreso bicameral empieza a ordenar sus piezas con las reuniones de las Juntas de Portavoces del Senado y la Cámara de Diputados. No se trata únicamente de una agenda administrativa: en estas primeras reuniones se definirá cómo funcionará el Parlamento, cómo se distribuirán las comisiones y quiénes tendrán la responsabilidad de conducir espacios fundamentales para legislar y fiscalizar durante este periodo.
La primera gran tarea será demostrar que la bicameralidad no significa simplemente duplicar oficinas, cargos y disputas, sino mejorar la calidad del trabajo parlamentario. Senado y Diputados tendrán que coordinar, establecer prioridades y distribuir las comisiones con criterios que respondan a la representación política, pero también a la capacidad de sus integrantes. El país no necesita comisiones convertidas en cuotas partidarias ni presidencias utilizadas como premios políticos.
Los portavoces tendrán, además, una responsabilidad proporcional al peso que representan sus bancadas. Cada voto dentro de estas juntas refleja el número de parlamentarios de cada grupo y, por tanto, las decisiones que adopten tendrán consecuencias sobre el funcionamiento de todo el Congreso. La negociación será inevitable, pero no debería convertirse en reparto de poder sin transparencia ni criterios de mérito.
El Congreso bicameral tiene la oportunidad de demostrar porque aprobaron las dos cámaras que generan más gastos al Perú. La ciudadanía espera que senadores y diputados lleguen a trabajar, legislar y fiscalizar, no a protagonizar enfrentamientos permanentes. Elegir comisiones, organizar el funcionamiento de ambas cámaras y establecer prioridades será apenas el comienzo. La verdadera prueba llegará cuando tengan que demostrar que la bicameralidad puede producir mejores leyes, mayor control político y, sobre todo, resultados que justifiquen la confianza depositada en las urnas.