Durante las últimas dos semanas estuve realizando un breve recuento sobre la educación universitaria; sin embargo, en esta ocasión debo detener esas reflexiones, pues ahora tenemos nueva presidenta. Y con ella llega también un mensaje de inicio de gestión y un gabinete ministerial “renovado”.
Los antecedentes de la nueva presidenta son ampliamente conocidos, pero siempre vale la pena recordarlos: hija mayor de uno de los presidentes más corruptos de la humanidad, condenado y sentenciado por violaciones a los derechos humanos; primera dama de una de las autocracias más duras y corruptas de nuestra historia reciente; excongresista de la República; lideresa del partido político más organizado en la actualidad, aunque también el más cuestionado y corresponsable de la grave crisis social y política de los últimos diez años; y candidata en cuatro ocasiones a la presidencia. Esa es Keiko Fujimori.
Con la nueva presidenta llegó también el tradicional mensaje a la nación. Desde hace semanas, Fujimori insiste en que el país que recibe se encuentra en una catástrofe nunca antes vista. Ese mismo discurso lo repitió el 28 de julio frente al Congreso de la República, incluso presentando cifras que podrían alarmar a cualquier incauto. Sin embargo, las medidas anunciadas fueron tan generales y simples que resulta válido preguntarse: si realmente estamos tan mal, ¿por qué no propone acciones más concretas y radicales? ¿No será que la situación no es tan grave como ella afirma, o que simplemente no tiene idea de cómo enfrentar la “catástrofe” que describe? Entre las medidas anunciadas figuran: el aumento del sueldo mínimo a 1300 soles, la duplicación de Pensión 65 (de 350 a 700 soles bimestrales), la construcción de las líneas 3, 4, 5 y 6 del Metro de Lima y varios proyectos similares en otras regiones. Todas estas propuestas que, si hubieran sido planteadas por Roberto Sánchez, habrían provocado que los empresarios, la prensa y los analistas de la DBA pidieran la vacancia inmediata del líder izquierdista. Pero en este caso, todos guardaron silencio, aceptando sin cuestionar lo que Fujimori presentó en Fiestas Patrias. Lo positivo, prometió gobernar solo por 5 años, ni un día más, ¿le creemos?
Finalmente, el nuevo Consejo de Ministros. Nunca como ahora la frase “rascar la olla” estuvo tan bien empleada. Se trata de un gabinete compuesto por ministros y viceministros reciclados de otros partidos políticos y de otros gobiernos, muchos de ellos incompetentes para las carteras que asumieron y otros simplemente irrelevantes como personas. ¿Llosa en Defensa? ¿Beingolea en Cultura? ¿Espá en Relaciones Exteriores? ¿Rey en Transportes y Comunicaciones? ¿Arnillas —sí, yo también me entero que existe y es arequipeño— en Vivienda? ¿Una miembro del Opus Dei en Mujer? Salvo un par de excepciones, ¿dónde quedaron los técnicos de primer nivel de los que solía enorgullecerse el fujimorismo? Cuatro candidaturas, veinte años intentando llegar al Ejecutivo… ¿para esto?