Los desafíos de Keiko Fujimori: entre la desconfianza y la necesidad de resultados.
Keiko Fujimori el 28 de julio asumirá a la presidencia del Perú; su principal reto no sería únicamente gobernar, sino convencer a una ciudadanía profundamente escéptica de que su administración representaría un cambio real. Las investigaciones y controversias que han rodeado a su trayectoria política, así como la polarización que genera su figura, harían indispensable un esfuerzo extraordinario por recuperar la credibilidad, fortalecer las instituciones democráticas y unir a un país dividido por la política.
Su más grande reto es en materia de seguridad, tendrá que enfrentar el avance del crimen organizado y la delincuencia con políticas eficaces y sostenibles, dejando de lado las medidas de impacto mediático que no resuelven el problema de fondo. La población demanda urgentemente que haya resultados.
En el ámbito económico, el desafío sería atraer inversiones sin ignorar las demandas sociales de millones de peruanos que reclaman empleo, mejores servicios públicos y oportunidades. Mejorar las instalaciones sanitarias de todo el país, en especial de las zonas de la sierra y selva, donde es un lujo ser atendido por un médico, porque no hay. Tampoco hay medicinas ni centros de salud.
Un reto muy importante es combatir la desnutrición infantil. Tarea que debe ser liderada por los gobiernos regionales, cuya labor ahora pasa desapercibida, a pesar de los millones de soles que reciben por la descentralización.
Otro punto clave será su relación con el Congreso. La experiencia reciente demuestra que la confrontación permanente entre los poderes del Estado solo ha profundizado la crisis política. Keiko Fujimori tendrá que demostrar que es capaz de dialogar, respetar el equilibrio democrático y evitar prácticas que puedan interpretarse como intentos de concentrar poder.
Su prueba más reciente será la conformación de las mesas directivas de las cámaras de senadores y diputados, donde no tiene mayoría, pero es la primera minoría parlamenteria y requiere del diálogo para buscar concensos. No estimo que sea factible el pedido de aquellos grupos políticos que perdieron las elecciones, en el sentido que ellos deben presidir las citadas mesas directivas. No tienen derecho, pero pedir no cuesta nada. Es mejor el diálogo que la confrontación.
Keiko debe cumplir necesarimente sus promesas de campaña. El país necesita señales claras de transparencia, lucha contra la corrupción y respeto irrestricto al Estado de derecho. De lo contrario, su gobierno podría enfrentar desde el inicio una fuerte resistencia ciudadana y una limitada capacidad para impulsar las reformas que el Perú necesita y que élla lo anunció en su recorrido por los pueblos durante sus giras proselitistas.
También es parte de su reto borrar la mala imagen de su padre, Alberto Fujimori, involucrado en actos de corrupción, ser un dictador y denuncias por delitos contra la vida y salud.
Los sectores radicales de izquierda vienen anunciando que harán plantones, marchas y huelgas desde el 28 de julio próximo para entorpecer el mandato de la primera mujer elegida presidenta del Perú.