Duele reconocer tan nefasta realidad histórica, salvo excepciones muy puntuales.
Suficiente es evocar las penurias y lamentos vividos por José de la Riva Agüero, el primer presidente peruano, nominado por el Congreso el 28 de febrero de 1823. Nueve meses después, Simón Bolívar ordenó al coronel Antonio Gutiérrez que lo fusile. Gutiérrez se compadeció y lo desterró a Ecuador. Es bueno acotar que Riva Agüero soportó otros 4 destierros adicionales, en sus desvelos por retornar a Palacio.
Desde el 28 de enero de 1950 a la fecha, 11 de los 19 peruanos que se sentaron en el sillón de Pizarro no fueron elegidos por el pueblo. Ocuparon la presidencia por golpes militares o decisiones del Congreso, como sucede con José Jerí, quien cumple hoy 108 días de gobierno y ya soporta 6 pedidos de vacancia trabajados diligentemente por congresistas liderados por los arequipeños Quito Sarmiento y María Agüero, del partido de Castillo.
Estamos a 73 días de las elecciones generales y buen número de congresistas analizan si una posible vacancia de Jerí convendría a sus ambiciones electorales. Sea vacado o no el desatinado y controvertido Jerí, es evidente que la clase política gobernante es fruto de complejos temas sociales, culturales y raciales vividos en los últimos 5 siglos.
Bueno es recordarnos que en 1950 la población peruana era de 7.6 millones y Lima tenía 650 mil habitantes. Consecuentemente, mientras que la población del país se multiplicó 4.6 veces, la de Lima lo hizo 15.7 veces y la de Arequipa, 9 veces. Estos desbalances poblacionales han generado gran desconcierto y desigualdades en las ciudades.
Porque se suma a ello, que en los últimos 75 años la población rural se redujo del 68 % a solo el 19 %, que habitan en el Ande y la Amazonía.
Para los congresistas del siglo XXI, vacar presidentes es un deporte que les genera notoriedad política, sin importarles el gravísimo daño que se genera al país. Si los índices macroeconómicos del Perú son buenos, es fruto del esfuerzo de la empresa privada, porque los gobernantes restan progreso y solo multiplican sus beneficios personales.
Y todo hace suponer que, en 73 días, tampoco mejoraremos la calidad de los futuros congresistas, porque escoger entre 36 listas presidenciales constituye una mueca a la gobernabilidad. La mediocridad de congresistas y gobernantes han alimentado el circo electoral, sin importar el bienestar del país. En Arequipa, por ejemplo, 35 de sus candidatos a senadores y diputados tienen sentencias firmes por diversos delitos. Y serán candidatos, porque las leyes lo permiten, como Mario Vizcarra que también es candidato a la presidencia, siendo condenado por delitos graves en agravio del Estado peruano.