En 2 años nuestra Universidad Nacional de San Agustín cumplirá dos siglos de existencia. En 1956 conocí sus muros de sillar y pisos de piedra, durante una revuelta popular del pueblo arequipeño, presenciada casualmente. Hasta ahora, cientos de sus estudiantes hicieron patria grande, presidiendo el país, el Poder Judicial o en el Legislativo.
Ahí se forjaron acrisolados hombres nobles y valientes, sabios y humildes. Por ello es parte de nuestro patrimonio cultural, emocional y real. Hoy, mentirle a esa rica historia y no desnudar las debilidades y limitaciones en las que está trasuntando, sería traicionar su abolengo y claudicar la gratitud que le tenemos sus exalumnos.
Siendo numerosas las debilidades que empañan su rico linaje, precisaré 3 de ellas: su indiferencia por la investigación científica y tecnológica, los niveles de enseñanza cercanos a la mediocridad y la escasísima pertenencia con los grandes desafíos y necesidades sustantivas de Arequipa y el país.
En el Perú, San Agustín sigue en importancia a San Marcos. Durante el año 2024, las 51 universidad públicas y 47 privadas, sumaron 54 proyectos activos de investigación científica aplicada. Números mezquinos, que afectan más, si consideramos que la universidad Torio Rodríguez de Mendoza, con apenas 25 años de existencia, desarrolló 29 de los 54 proyectos. San Marcos apenas 10 y San Agustín, casi ausente en ese listado.
Y conste que San Agustín recibió en donación 2 mil hectáreas ubicadas a 70 kilómetros de Arequipa, para investigación y desarrollo científico y humano. Anecdóticamente, en esas tierras, una minera privada ha denunciado un yacimiento de oro muy rico.
En nuestro país, 1 de cada 4 estudiantes están en universidades públicas. En gran parte, se debe a la mediocre enseñanza que imparten la mayoría de ellas. Preguntémonos si San Agustín es parte de esa enseñanza pálida, un tema que involucra a sus mil setecientos profesores, a los contenidos que se imparten, la metodología empleada y las políticas de enseñanza imperantes. Nuestra mejor universidad tiene que salir de esa inercia educativa y retomar el liderazgo que tuvo durante siglo y medio.
El tercer tema es tan fácil de exponer, como que en las calles adoquinadas de Arequipa se esfumaron marchas y concentraciones agustinas, solidarizándose con temas trascendentes, como la culminación de Majes Siguas II, generador de 200 mil puestos de trabajo y tanta riqueza como Cerro Verde. U otros proyectos más caseros, como la carretera Arequipa - La Joya, otro ejemplo vergonzoso de la incapacidad de nuestras autoridades. San Agustín no puede vivir a espaldas de las grandes necesidades y soluciones de su pueblo.
Y una yapita. Preguntémonos si nuestra emblemática universidad está preocupada en ofrecer proyectos que reduzcan la desnutrición infantil o el analfabetismo. No, ¿verdad?