La educación necesita recuperar su propósito más importante: formar seres humanos, no solamente preparar profesionales. Ese fue uno de los mensajes centrales del papa León XIV durante su visita a la Universidad Católica del Uruguay, donde convocó a autoridades académicas, docentes y estudiantes a promover una formación integral basada en la dignidad, la fraternidad, la paz y el pensamiento crítico. Una reflexión que merece trascender las aulas universitarias.
El pontífice utilizó los cinco sentidos para explicar que la educación debe involucrar todas las dimensiones de la persona. La vista para contemplar la creación; el tacto para construir la paz; el gusto para desarrollar la sabiduría y el discernimiento; el olfato para reconocer la dignidad humana, el oído para aprender a escuchar y comprender al prójimo. Su mensaje recuerda que acumular conocimientos no garantiza una sociedad más justa si no aprendemos también a respetarnos.
Esta reflexión resulta especialmente necesaria en tiempos en que la discriminación, la intolerancia y la indiferencia siguen afectando la convivencia. León XIV cuestionó las actitudes que consideran descartables a las personas por su edad o condición. Ninguna sociedad puede hablar de desarrollo mientras excluye a quienes necesitan mayor protección. La educación debe enseñar a reconocer el valor de cada persona y a comprender que las diferencias no justifican el rechazo.
En el Perú, este llamado también interpela a nuestras instituciones educativas. No basta con medir el aprendizaje mediante calificaciones o resultados académicos. Es necesario fortalecer la formación ética, el respeto, la solidaridad y la capacidad de pensar con libertad y responsabilidad. La escuela y la universidad deben ser espacios donde se aprenda a convivir, debatir sin agredir y reconocer al otro como una persona con los mismos derechos y dignidad.
La visita de León XIV a la Universidad Católica del Uruguay, 38 años después de la presencia de san Juan Pablo II, deja una reflexión que merece ser compartida: educar es acompañar el crecimiento de toda la persona. Porque el verdadero éxito de la educación no se mide únicamente por los conocimientos que adquirimos, sino por la calidad humana con la que aprendemos a vivir y servir a los demás.