La semana pasada hablábamos del segundo tomo de la Enciclopedia de la conducta humana, del gran Sofocleto. Pensé que la referencia a este destacado periodista quedaría ahí; sin embargo, nuestra realidad nacional nos obliga esta semana a hablar del primer tomo, dedicado a los cojudos, porque, como diría Sofocleto: “Entre nosotros, la palabra cojudo se ha sublimado hasta alcanzar niveles sensoriales y características de ser vivo. Aquí, en el Perú, la cojudez se respira, se huele, tiene color y temperatura, dimensión, forma y hasta sabor”.
Si Sofocleto hubiera visto las nuevas medidas para “mejorar” la educación peruana y restablecer el orden en los colegios, planteadas por el gobierno de la señora Fujimori, estoy seguro de que habría dicho: ¡Medidas cojudas dadas por un gobierno cojudo para un pueblo cojudo! Y no habría estado equivocado. Disposiciones como llevar el cabello corto, no pintarse las uñas o usar uniforme son tan cojudas que poco o nada impactan en el rendimiento escolar.
Estas medidas no son nuevas y, hace años, pregunté a mis colegas de la Facultad de Educación si existía alguna investigación seria o algún estudio sólido que demostrara la relación entre ir “bien vestido” y obtener buenas notas en el colegio. No se identificó ninguno. Y es que dicha relación es, también, cojuda o, metodológicamente hablando, espuria. Otra de las medidas anunciadas es reinstaurar la nota de conducta y los castigos para los estudiantes. Pero, más allá de lo llamativo de la disposición, lo interesante es la manera en que se pretende implementarla.
¿Acaso los colegios se convertirán en cuarteles donde los estudiantes estén sometidos a la vigilancia permanente? ¿La disciplina castrense garantizará realmente que los estudiantes cumplan las normas y obtengan mejores resultados académicos? Evidentemente, no. Basta un caso para ilustrarlo: hace unas semanas, un adolescente fue abusado sexualmente por sus compañeros de clase en un colegio de la Marina, donde las normas se cumplen sin cuestionamientos, existe una disciplina castrense y, seguramente, todos los estudiantes llevan el cabello corto, usan uniforme y no se pintan las uñas.
Por último, se ha anunciado la eliminación de toda “ideología” de los textos escolares. Diversos especialistas coinciden en que esta medida, además de ser imposible, resulta perjudicial para los estudiantes, ya que ninguna ausencia ideológica permanece vacía: inevitablemente será ocupado por otra ideología. ¿La fujimorista? Ojalá que esta “reforma educativa” no termine materializando la predicción y el temor de Sofocleto: “De la noche a la mañana comenzamos a fabricar cojudos en serie”.