El anuncio de que las Fuerzas Armadas asumirán el control perimétrico de los establecimientos penitenciarios representa un cambio importante en la estrategia contra el crimen organizado. Detectores de metales, escáneres, bloqueo de celulares y vigilancia contra drones pueden contribuir a cerrar espacios utilizados por las organizaciones criminales. El problema es que ninguna tecnología funcionará si no existe una conducción seria, permanente y coordinada.
Que los militares controlen accesos y perímetros puede ser razonable, especialmente cuando los penales se han convertido en centros desde donde se coordinan extorsiones y otros delitos. Pero también debe existir una línea clara: la Policía tiene experiencia en investigación criminal y requisas, mientras que el INPE mantiene responsabilidades específicas dentro del sistema penitenciario. Ampliar funciones sin establecer controles puede terminar generando confusión institucional y responsabilidades difusas cuando algo falle.
El ministro Rafael Belaunde ha dicho que las Fuerzas Armadas no tendrán un papel decorativo y que contarán incluso con sus propios sistemas para bloquear señales y supervisar drones. Esa decisión puede ser positiva si permite garantizar que los mecanismos funcionen realmente las 24 horas y no se conviertan, como tantas veces ocurre en el Estado, en equipos adquiridos con entusiasmo que después quedan abandonados por falta de mantenimiento, presupuesto o personal capacitado.
El Perú necesita medidas firmes contra la criminalidad, pero también necesita instituciones que sepan exactamente qué deben hacer. Los militares pueden apoyar el control externo de los penales; la Policía debe fortalecer la inteligencia y la investigación; y el sistema penitenciario debe recuperar autoridad sobre las cárceles. El desafío no consiste en demostrar quién tiene más poder, sino en conseguir que el Estado tenga el control. Si esta estrategia se ejecuta con coordinación, tecnología y supervisión, puede ser un paso importante. Si se convierte solo en otro anuncio de emergencia, los delincuentes volverán a encontrar la manera de burlarlo.