Los recientes derrumbes en la Panamericana Sur, entre Atico y Ocoña (Arequipa), han paralizado el tránsito y generado accidentes graves, como el ocurrido el 14 de septiembre, cuando una roca aplastó la cabina de un cisterna y dejó herido a su conductor. Estos hechos muestran que la vía sigue siendo altamente vulnerable a las condiciones climáticas y geográficas, lo que convierte cada temporada de lluvias en una amenaza para la seguridad vial y la continuidad de las actividades económicas.
Aunque el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) y Provías Nacional han desplegado maquinaria pesada para liberar los tramos afectados, las soluciones han sido temporales. El tránsito se restablece de manera restringida, pero la posibilidad de nuevos deslizamientos permanece latente.
El riesgo no solo es para los transportistas y pasajeros, sino también para la economía regional y nacional. Cada cierre de la Panamericana Sur implica retrasos en el traslado de mercancías, pérdidas para el comercio y afectaciones al turismo. La dependencia de una sola vía principal en el sur del país evidencia la necesidad de contar con una alternativa de trazado o rutas complementarias que garanticen la continuidad de las actividades incluso en escenarios adversos.
Es momento de que las autoridades retomen el debate sobre un nuevo trazado de la Panamericana Sur, considerando estudios técnicos que reduzcan la exposición a derrumbes y deslizamientos. La experiencia reciente demuestra que las medidas reactivas no son suficientes: se requiere planificación estratégica para asegurar que el sur del país no quede aislado cada vez que la naturaleza golpea.