¿Será cierto que nuestro pensamiento crítico, no está activado? ¿Conocemos por qué hay crisis en el Ministerio Público? ¿Por qué el presidente Jerí, minimiza el aumento de extorsiones y homicidios y, por qué oculta toda la verdad de aquellos encuentros subrepticios con cuestionados empresarios chinos ? Ya manchó el proceso de transición que debió ser limpio.
Algo similar ocurre con el presidente del Congreso, quien pretende imponer que los magistrados hagan lo que él quiere. Por estos hechos, ya se percibe el hedor de la corrupción, de hace décadas, diseminado en la atmósfera política peruana.
Recientemente, he conversado, en radio, con universitarios y brillantes jóvenes profesionales de ciencias jurídicas y políticas, con relación a la crisis política peruana, derivada de la corrupción y, con ellos, he llegado a la conclusión que, afortunadamente, hay un camino, para quienes desean prescindir de la escoria política nacional. Todo se puede lograr, en las ánforas; es el único lugar y fecha, para que la población electora, haga justicia; siempre y cuando el JNE, demuestre su independencia y transparencia.
De otro lado ¿por qué prende en la gente la cursilería de algunos políticos? Muchas personas se fanatizan y creen fácilmente lo que dicen -aun sabiendo que muchos políticos son mercaderes de la política–. Cualquier dicho de un político, logra impactar emocionalmente en el ciudadano ingenuo; existen candidatos que se reciclan en política, pero depende de los electores, seguir consintiendo o no, a esos verdugos disfrazados, quienes, con herejías verbales, ansían el poder, para secuestrar y saquear al Perú.
Algunos políticos inician su campaña, en redes sociales, insultando la inteligencia de los ciudadanos. Van de pueblo en pueblo, pregonando lo que no podrán cumplir; en cada escenario exponen una lista de promesas -costumbre que no es nueva en los parlanchines- pero lo que indigna, es que vistan la indumentaria típica de la región que visitan -para caer en gracia. Y la gente, equivocadamente, consume esa ficción.
Recuerdo que, en la década 90, un ministro de Economía del régimen de turno, intentó congraciarse con ciudadanos de un pueblecito muy humilde. Aquel ministro, se sometió a la “tortura” de pasar algunas horas de la noche, recostado en una cama dura de ese lugar. No se imaginan los gestos inocultables de dolor en su cuerpo; habituado, desde su nacimiento, probablemente, a colocarlo sobre cuna de oro y cama de seda. Esta fingida actitud de los políticos, sigue todavía, pese a ser histriónica y manida. ¿Acaso no se dan cuenta que es una ridiculez? Ya es hora de conocer bien la trayectoria pública y privada de los candidatos. ¡Es impostergable investigar y activar el pensamiento crítico!