Opinión

Polarización: victoria en urnas, derrota en la nación

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DIARIO VIRAL

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El domingo 7 de junio, los peruanos fuimos a votar y, más allá de quién ganó, quedó claro algo difícil de ignorar: el país volvió a estar casi dividido en dos. En realidad el país no quedó dividido en dos, sino en tres tercios: uno apoyó a una candidatura, otro a la rival y el tercero estuvo compuesto por quienes no votaron, anularon o dejaron en blanco su cédula.  

Esta división no es solo electoral, sino que muestra una polarización que ya forma parte de nuestra vida pública. Mientras la presidencia se define voto a voto, millones de ciudadanos prefieren mantenerse al margen del proceso electoral. 

Así, ningún sector puede atribuirse la representación exclusiva de la nación.

La advertencia llegó solo un día después, desde un lugar inesperado. Frente a las Cortes Generales de España, el papa León XIV habló sobre el daño que causa la polarización en las sociedades actuales. 

Su mensaje resalta una idea clave: se puede ser firme sin despreciar al otro y no todo desacuerdo debe llevar a la humillación. 

También alertó sobre el riesgo de ver al adversario como un enemigo al simplificar la realidad.
El mensaje encuentra un eco especial en el Perú. Nuestra historia republicana está marcada por enfrentamientos políticos, rivalidades regionales y luchas de poder que, casi nunca, dieron paso al consenso. 

La consecuencia más dolorosa fue la guerra del Pacífico. Mientras el país enfrentaba una amenaza externa, las divisiones internas debilitaban la capacidad nacional de respuesta. La derrota tuvo múltiples causas, pero la fragmentación política ocupó un lugar relevante.

Más de un siglo después persisten señales preocupantes. La confrontación entre poderes del Estado se ha vuelto habitual. Presidentes, congresistas, fiscales, jueces y autoridades regionales parecen instalados en una disputa permanente. 

La vacancia, la censura y la denuncia se han convertido en herramientas políticas cotidianas. El resultado es una creciente desconfianza ciudadana hacia las instituciones.

La polarización también tiene un rostro geográfico. Lima y la costa suelen expresar preferencias distintas a las del sur andino y la Amazonía. Detrás de esa diferencia electoral existen brechas económicas, sociales y de oportunidades que permanecen sin resolver. 

El problema no es que los ciudadanos piensen diferente. El problema surge cuando cada sector considera ilegítima la posición del otro.

Paradójicamente, el Perú dispone de recursos suficientes para construir un futuro mejor. Posee estabilidad macroeconómica, riqueza minera, biodiversidad y una población emprendedora. 

Sin embargo, la inseguridad, la corrupción, la minería ilegal y el crimen organizado avanzan mientras la dirigencia política permanece atrapada en disputas estériles.

León XIV señaló que la verdadera seguridad no nace de levantar más muros, sino de aprender a caminar juntos. La observación trasciende fronteras y alcanza plenamente a nuestro país. Ninguna reforma será sostenible si parte de la premisa de derrotar al otro en lugar de incorporarlo al proyecto nacional.

Quizá la lección más importante de estas elecciones sea que ningún sector posee la totalidad de la verdad y que ninguna victoria estrecha otorga licencia para gobernar ignorando a la mitad del país. La polarización puede producir triunfos electorales. Lo que no produce es futuro.

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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