Continuamente, se repite que las encuestas son la fotografía del día. Conviene añadir que ninguna fotografía revela el movimiento interior de una sociedad inquieta como la de nuestro país.
La última medición de Ipsos Perú para Perú21 coloca por sexto mes consecutivo en primer lugar a Rafael López Aliaga con 12%, dos puntos más que en enero, mientras que Keiko Fujimori aparece con 8%, un punto adicional, sin que nadie logre moverlos de esas posiciones en una campaña que no termina de encender.
En Lima, el exalcalde alcanza 21%, once puntos sobre su competidora, y en el sur, marca 6%, siendo la única macro región fuera de la capital donde lidera; detrás se produce un cuádruple empate con 4% entre Carlos Álvarez, Martín Vizcarra, César Acuña y Alfonso López-Chau, mientras George Forsyth, José Luna Gálvez, Roberto Sánchez y José Williams registran 2%, en un escenario donde el voto blanco o viciado suma 27% y 15% no precisa preferencia.
Por su parte, la Compañía Peruana de Estudios de Mercado y Opinión Pública otorga 14.6% a López Aliaga y 6.6% a Fujimori, con 29% de indecisos y 15.8% entre blanco y viciado, lo que confirma que la indefinición continúa siendo el dato dominante del proceso.
En ambas encuestas, el porcentaje de indecisos y de quienes prefieren el voto en blanco o viciado oscila entre el 42% y el 44%. Porcentaje que podría repartirse entre los candidatos del Apra, la Alianza Unidad Nacional y el Partido del Buen Gobierno, que recorren el país antes de centrar su campaña en Lima.
La campaña no enciende y los porcentajes son bajos, pero la historia reciente aconseja prudencia ante cualquier triunfalismo. Los registros de la Oficina Nacional de Procesos Electorales muestran que, a 45 días de los comicios, las encuestas han errado con amplitud: en 2016, Pedro Pablo Kuczynski marcaba 6.7% y terminó con 21%, y en 2021 Pedro Castillo registraba 6.4% y alcanzó 18.9%, mientras también hubo sobreestimaciones notorias como las de Yonhy Lescano, que pasó de 18.1% a 9.1%, y Lourdes Flores Nano, que descendió de 30% proyectado a 23.8% oficial en 2006.
En contraste, 2001 mostró desviaciones menores con Alejandro Toledo y Alan García cerca de lo anticipado, lo que confirma que la volatilidad se ha acentuado en las dos últimas décadas y que el llamado voto oculto, la desconfianza hacia la política y la dificultad para medir zonas rurales han convertido la recta final en territorio incierto donde la “foto” puede salir movida.
A dos meses de elegir, el dato central no es quién lidera hoy, sino cuántos no han decidido, porque allí late el desenlace. Conviene recordar que el voto no es una apuesta deportiva, sino un acto moral y cívico que compromete el destino común. Las encuestas orientan, pero no sustituyen la conciencia, y el Perú ha demostrado que puede girar en semanas, por lo que la prudencia sigue siendo una virtud pública que no admite sondeos.