La política local vuelve a exhibir sus viejas mañas. Víctor Hugo Rivera, vacado por el Jurado Nacional de Elecciones en el caso “Flechita”, reaparece en la lista de Alianza para el Progreso como candidato a primer regidor provincial. Aunque no postula directamente a la alcaldía, su ubicación estratégica abre la posibilidad de regresar al poder mediante sucesión municipal. Es el intento de un retorno disfrazado, una maniobra que busca burlar la sanción ciudadana y legal que lo apartó del cargo.
La candidata a alcaldesa, Elizabeth Génesis Amado Quispe, no representa renovación alguna. Fue subgerente de Saneamiento y Salud en la gestión de Rivera y, además, su mejor amiga Ericka Copara, la célebre “asesora espiritual” del exburgomaestre. Copara, recordada por su influencia en decisiones municipales y por su presencia constante en actos oficiales, simboliza la confusión entre lo público y lo privado que caracterizó la administración de Rivera. La amistad entre Génesis y Ericka refuerza la idea de que esta plancha no es más que la prolongación de un mismo círculo de confianza.
La estrategia es clara: Rivera busca mantenerse vigente a través de rostros cercanos, asegurando que, incluso sin ser candidato a alcalde, su sombra siga presente en la conducción municipal. No se trata de un proyecto político nuevo, sino de la reedición de un estilo de gestión marcado por la improvisación, el clientelismo y la falta de transparencia.
Arequipa no merece repetir la historia de un alcalde vacado que insiste en volver acompañado de sus más fieles colaboradoras. La ciudad necesita renovación real, con propuestas serias y liderazgos comprometidos con el bien común, no con la perpetuación de un círculo íntimo que ya demostró su incapacidad. El reciclaje político de Rivera y su entorno es una amenaza para la democracia local y un insulto a la memoria de los ciudadanos que exigieron su salida.