Lo dicho por Julio Velarde debería incomodar, pero también provocar una discusión que el Perú viene postergando demasiado tiempo. Podemos hablar de crecimiento económico, estabilidad, inversiones y aumento del consumo, pero ninguna cifra será suficiente si el ciudadano continúa recibiendo servicios públicos que no están a la altura del país que aspiramos construir.
La educación y la salud no pueden seguir tratándose como capítulos secundarios de la agenda nacional. Son precisamente los pilares que determinan cuánto puede avanzar una sociedad. Un niño que recibe una formación deficiente tendrá menos oportunidades; una familia que no encuentra atención médica adecuada enfrentará una desigualdad que ningún indicador macroeconómico podrá ocultar.
También resulta preocupante la crítica al servicio civil. El Estado puede tener dinero, leyes y programas, pero si no cuenta con profesionales capaces de ejecutarlos, terminaremos repitiendo la misma historia: presupuestos que no se utilizan correctamente, proyectos que se retrasan y políticas que cambian cada vez que cambia una autoridad. La burocracia profesional no es un lujo; es una necesidad para cualquier país que quiera avanzar.
Sin embargo, tampoco debemos caer en la tentación de decir que todo está mal. El Perú ha cambiado y existen avances materiales que hace algunas décadas parecían difíciles de imaginar. El propio Velarde recordó que el consumo y la economía mejoraron significativamente. Reconocer ese progreso no significa conformarnos, sino entender que ahora tenemos que dar el siguiente paso.
El verdadero desafío consiste en transformar ese crecimiento en bienestar. Para lograrlo necesitamos mejores escuelas, hospitales que funcionen, maestros respaldados, profesionales capacitados y un Estado que sepa administrar lo que pertenece a todos. De nada sirve discutir quién tiene la culpa del pasado si seguimos construyendo un futuro con las mismas deficiencias.
El mensaje debería ser claro para quienes hoy toman decisiones: el Perú no necesita únicamente crecer, necesita aprender, atender y gestionar mejor. La prosperidad no llegará por inercia ni por una buena estadística económica. Llegará cuando el ciudadano común pueda sentir que el desarrollo también mejoró su vida. Y para eso, como advirtió Velarde, la educación sigue siendo la llave.