Tras 48 horas retenidos, con los rostros cubiertos y a bordo de un bus de la Policía Nacional, seis de los diez escolares del Liceo Naval, denunciados por agredir sexualmente a un menor de 16 años tras un campeonato escolar, fueron trasladados al
centro juvenil Maranguita donde afrontarán cuatro meses de internamiento preventivo. Por otro lado, la víctima, recibió medidas de protección del Poder Judicial tras el cruel ataque suscitado el último 15 de septiembre en San Borja.
POSIBLE SANCIÓN. Los seis menores internados cumplirán una posible sanción de hasta seis años, mientras los cuatro libres quedarían bajo custodia de sus padres tras establecerse por la gravedad individual de la conducta en el marco de la participación de este aberrante hecho, así lo remarcó la abogada penalista, María Elena Portocarrero.
“El tratamiento que reciben los menores es diferente al de los adultos, debido al tema de madurez emocional, psicológica, entre otros. En el marco punitivo, de restricciones, es de máximo seis años”, enfatizó la letrada remarcando que, en caso alguno cumpla los 18 años, sería remitido a Ancón II para que completen su condena.
Respecto a los tres adultos que estuvieron al interior del bus al momento de la agresión: un docente, un entrenador o auxiliar y el conductor, la especialista remarcó que afrontaría un proceso dado que serían posibles cómplices porque ellos debieron resguardar a los menores.
Incluso, debido a los antecedentes que ya se presentaban en la institución, estarían incursos en la realización de un delito por omisión ante la presencia de un dolo (daño) eventual.
DENUNCIAS. Este hecho de extrema violencia destapó un sinfín de denuncias que alertaron de la crítica situación que se vivía al interior de la institución apoderada de la violencia escolar. Giovana León, una docente que laboró durante 18 años en el colegio, reveló que durante los últimos años reportaron varios casos de bullying, sin embargo estos no fueron escuchados, al contrario, algunos terminaron recibiendo represalias: “Uno habla y no nos escuchan, más bien se van contra nosotros”, remarcó.
“Se le quitó la autoridad al maestro, los padres se volvieron cómplices, los colegios parecemos una oficina de atención al cliente donde tenemos que contentar al alumno, ser permisivos, tratar de no desaprobarlos, no llamarles la atención. El alumno tiene todas las normas para hacer lo que desea, se ve protegido por eso que tras un insulto o golpe va a terminar en
casos como este”, remarcó el representante de los Colegios Privados de Arequipa, Rusbel Begazo.
Al igual que la educadora, algunos padres, hartos de seguir guardando silencio revelaron más episodios de agresión que involucraría incluso hasta alumnos del nivel primario. Asimismo, denunciaron que entre los principales factores de estos hechos se encuentra la discriminación, donde los menores son atacados por su color de piel, apellido, grado, etc. Incluso, vi-
deos muestran el nivel de agresividad de los escolares, en uno de ellos un alumno amenaza de muerte a su propio profesor si lo reprueba, todo ello frente a sus compañeros que solo responden con risas.
PADRES. Este caso también mostró el lado de las familias de los escolares investigados. Cámaras capta-
ron como uno de los padres reaccionó violentamente contra los periodistas, tras ser abordado a la salida de una dependencia policial, empujando y lanzando un escupitajo a un camarógrafo. Al día siguiente, este aseguró que reflexionó y debió “ser aún más agresivo” o decir que: “Son niños buenos, deportistas, estaban jugando, se les fue de las manos”
“Lamentablemente estamos viendo que la conducta de los padres inevitablemente en algún momento las van a cometer sus hijos. Estos padres deben ser personas violentas o han sido víctimas y están naturalizando el conflicto. Se deberían tomar medidas no solo contra los menores, sino que también evaluar una condena para los padres por los hechos que co-
metan los hijos”, enfatizó el exdecano del Colegio de Psicólogos de Arequipa, Julio César Codero.
FAMILIA. Por otro lado, la familia del menor agredido, un destacado futbolista de 16 años, reveló cómo tras ser agredido y golpeado, se levantó y todos los involucrados se burlaron y rieron de él. Posteriormente descendió de la unidad y solo, sin apoyo de nadie, le contó a su madre que había sufrido un “daño” en el bus. A su llegada a la clínica, el médico les confirmó la cruel agresión de la que había sido víctima. El hecho, pese a ser de conocimiento de la directora de la institución, trató de hacerlo pasar como una simple “agresión física”. Además, se supo que los agresores atacaban a su víctima por tres años.