El docente es uno de los principales actores para hacer frente al bullying en las escuelas. Es muchas veces quien observa las “bromas” fuera de lugar, faltas de respeto o incluso una agresión, pero que muchas veces prefiere no intervenir, no por indiferencia, sino por miedo. En los últimos años, los educadores fueron perdiendo autoridad y con ello el poder intervenir ante este tipo de hechos debido a que, por un lado, están los derechos de los estudiantes (al ser menores) junto a la respuesta de los padres con denuncias, y por el otro, la propia ley que no les permite el control.
CIFRAS. De acuerdo al portal SíseVe, en lo que va del 2026 Arequipa registra 163 casos de bullying de los 730 reportes de violencia escolar en la región, de los cuales 285 se suscitaron en colegios particulares y 445 en instituciones públicas. Del
total de casos de bullying, 73 se suscitaron en la UGEL Norte (donde los varones son mayormente las víctimas) y 66 en la UGEL Sur (donde las víctimas son en su mayoría las mujeres).
TRABAS. “Muchas veces al docente se le exige atender y frenar el bullying en su salón de clases. Sin embargo, cómo hacer frente a esta problemática si se les quitó casi todas las herramientas para poder hacerlo. Actualmente el docente puede ser
denunciado, hecho que a algunos les cuesta su trabajo y estar desempleado por meses mientras se investiga; todo ello pese a que la mayoría de estos reportes no tienen pruebas concluyentes y son tomados como ‘represalia’ o ‘venganza’”, así lo remarcó el secretario regional del Sutep, Hamer Villena.
“De las 177 denuncias en la región atribuidas a educadores, solo 10 han tenido la posibilidad de concretarse en que son violencia, pero las otras no. El bullying se presenta cuando la legislación actual, lamentablemente, sirve de acoso al docente y es mal utilizada por los padres. Hay denuncias que realmente, sin pruebas, son presentadas por capricho”, cuestionó.
Esta es una de las limitantes que atan de manos a un docente para poder intervenir, sin embargo, no es la única. La normativa del Minedu eliminó toda “sanción” que pueda ser interpretada como punitiva.
“El docente ya no puede revisar mochilas o teléfonos, tampoco suspender o expulsar, si lo hace puede arriesgarse a ser denunciado por vulnerar derechos. Solo debe actuar bajo protocolos”, agrega el dirigente. “No se puede expulsar, sancionar, gritar, castigar a un alumno, todo tienen que ser acciones reparadoras. No se les puede alzar la voz porque los padres de los supuestos agresores nos podrían denunciar por maltrato psicológico y la situación se vería revertida”, remarcó el representante de la Asociación de Instituciones Educativas Privadas de Arequipa (Asiepra),
Rutbel Begazo. A esto se suman los propios progenitores, algunos ausentes y otros a la defensiva. Las escuelas de pa-
dres son muestra de la ausencia de los mismos. Sin embargo, en el caso que un docente levante la voz, al
día siguiente aparecen con una denuncia en la UGEL respectiva. Adicionalmente a ello, la falta de psicó-
logos genera una grave crisis de salud mental en las escuelas públicas y hacen casi imposible detectar a
tiempo un caso de bullying.
“El padre no está comprometido con el colegio y no asisten ni el 40 % o 30 % a las charlas pese a que lle-
vamos fiscales, psicólogos, abogados para explicarles todo lo que corresponde a violencia familiar, pero qué hacemos si de cada 10 padres solo van 3 o 4”, enfatizó Begazo.
CASOS. Muchos docentes, que realmente aman enseñar, por cumplir con su deber terminan siendo retirados de la institución, con una denuncia y bajo investigación. Tal fue el caso de una profesora del nivel primario quien tenía un alumno con problemas de lectoescritura. Preocupada por su aprendizaje, le daba de su tiempo en los recreos para ayudarlo. Esto le costó una denuncia y su retiro dado que los padres alegaron que los dejaba sin recreo, castigaba y atosigaba, cuando ella solo quería ayudar. Así lo narró el representante de Asiepra.
“Otro docente de un colegio privado de Cerro Colorado, quien era estricto dado que era uno de los que especificaba en cuanto a la presentación de los alumnos, terminó siendo denunciado por acoso por parte de dos o tres estudiantes, quienes siempre tienen una conducta reiterativa de no asistir con el uni-forme adecuadamente y se les llamaba la atención.
Al igual que la maestra, él fue retirado y sancionado”, narró Rutbel Begazo, quien al igual que el secretario
de la Sutep, Hamer Villena, alertan que la pérdida de autoridad del docente frente a los estudiantes contribuye un incremento de la violencia escolar en el Perú.